Contra la sumisión y la indecencia

Ciudad de México /

No hay novedad, salvo en cuestión de grado. En todas partes y en todos los tiempos la bajeza humana aparece de mil maneras en la política, eclipsando frecuentemente los esfuerzos de los hombres y mujeres de bien, y bastardeando la vida de los pueblos.

No ensuciaré este espacio mencionando por sus nombres a “prominentes” políticos mexicanos quienes recientemente se han exhibido tratando de ocultar su oprobio alegando haber hecho “profundas reflexiones” con las cuales consideran justificado el arriar banderas, tragar heces y acudir babeantes a lamer los pies de la corcholata y del perdonavidas autoinvestido de autoridad moral. Ninguno de esos tales defeccionó estando en el poder, sino sólo luego de perderlo.

Unos, como consecuencia de su larga vida de simulaciones y corruptelas, a quienes les tienen pisada la cola; y otros (los presupuestívoros) por ser incapaces de subsistir con un trabajo honrado fuera de la política.

En México, ese nefando proceder se exacerba día con día (principalmente en tiempos electorales) por la pérdida de los valores de antaño, como la consciencia del honor, el valor de la palabra, el sentido de solidaridad y la fuerza interior para repudiar la prepotencia y cinismo de muchos funcionarios. El coraje para revelarse ante los abusivos se ha sustituido por el acomodo y la sumisión castrantes; sin embargo, ya hay hartazgo en los diversos sectores de la sociedad por tanta inmundicia; se percibe el despertar de conciencias y el renacer de la sana rebeldía.

Es irrebatible la posibilidad (y el deber) de evitar la caída de México en el abismo elegido por estos primates.

Para lograrlo se requiere de unidad, talento, trabajo y generosidad en la oposición; y convocar a millones de mexicanos empobrecidos (infamemente calificados de “mascotas” por Tartufo) a sufragar libremente (porque nadie les quitará los apoyos sociales) y a hacer ver a quienes aspiran a una vida digna para ellos y sus familias la oportunidad de conseguirlo votando por funcionarios honestos y capaces.

Nada redituará para la corcholata y su caterva el barbotar mentiras, querer ocultar la devastación causada metódicamente por ellos mismos, el derroche de dinero público y el veneno vomitado en las diarias y engañosas marraneras; frente a la rebeldía ciudadana expresada pacífica y multitudinariamente el 2 de junio en las urnas electorales.

La inconformidad debe expresarse con una votación responsable y copiosa para asegurar un mejor destino a los mexicanos de hoy y del mañana. A quienes no voten les pesará en su conciencia haber traicionado a sus hijos y a México.

Posdata: A la juventud se le valora y respeta si se le convoca a ocupar trincheras para darle a México su alegría, vigor y talento; y no la representan quienes, si pierden los tenis, quedan descerebrados.

  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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