El testigo y cómplice es quien acusa

Ciudad de México /

Claudia Sheinbaum dijo que no quiere leer ni saber nada de la entrevista hecha por Jorge Fernández Menéndez a Julio Scherer Ibarra, titulada Ni venganza ni perdón, pero que “no hay nada por investigar”.

Según ese libro, Scherer “participó activamente” en lo que los cuatroteros llaman: malditas privatizaciones. En seguida se inició una “cercanísima” relación de 28 años entre él, López Obrador y las dos familias. Acompañó en todas las campañas a su amigo y fue su abogado personal y consejero jurídico de la Presidencia. Por graves acusaciones renunció.

Del publicado resultan cuatro deseos: 1) Narrar su conmovedor peregrinar, siempre con su amigo. 2) Expresarle mil veces, con delirio, su lealtad, amor, admiración y gratitud. 3) “Limpiar su imagen”, afirmando que resultó inocente de todos los delitos que le imputaron, y que los infundios fueron, en gran medida, “para lastimar a su papá”. 4) Denunciar los vínculos criminales y enormes latrocinios que a él le constan, cometidos por funcionarios del primer círculo presidencial, dando nombres y apellidos.

Scherer, al denunciar tantos delitos del movimiento-partido-gobierno, exhibe fríamente la miseria moral de su bienamado:

Afirma que Tartufo “siempre quería ser encarcelado para que el pueblo lo defendiera”; que quería un partido “que fuera de él”; que militando en el PRD construyó Morena; que en el escándalo de las Ligas de Bejarano, Andrés hábilmente “pasó de cómplice a víctima”; que “chantajeó a Zedillo con sacar grabaciones y así le dieron el triunfo a Monreal en Zacatecas”; que aceptaba a sujetos “espantosos y horrorosos” que venían de otros partidos; que “gobernó cinco meses antes de rendir protesta”; que corrió a la secretaria de la Función Pública por investigar al hijo de Bartlett; que cuando Miguel Mancera le dijo: “Andrés, no fui yo, fue mi secretario de Gobierno”, “Andrés Manuel le respondió horrible, diciéndole: ¿De cuándo acá el perro manda al amo?”; que primero dijo: “Los ricos al carajo” y después pidió que se los acercaran; que “planteó una reforma para que a los ex presidentes no se les juzgara”; que a López-Gatell lo incorporó a su gobierno “únicamente porque Calderón lo había corrido, y resultó funesto”; que “le ordenaba” al benemérito Bernardo Bátiz, procurador del D.F., emprender persecuciones; que se entregaron miles de millones de pesos para propaganda de Morena; que las mañaneras “eran una gran manipulación con preguntas siempre a modo”; que sobre la alianza con el PAN en Oaxaca respondió: “Esa la dejamos porque hay que triunfar, pase lo que pase. Pero ganen”.

En síntesis, con una frase dijo todo: “Era el pragmatismo absoluto, no importaban los ideales, lo que importaba era que ganáramos las elecciones y así ganamos”.

Perdone usted la expresión, parecería imposible pero desparramó más mierda.


  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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