Poco se ha informado de lo que hablaron Claudia Sheinbaum y el Rey de España en la reciente visita de éste a México, pero es saludable que dejaran atrás la estúpida “pausa” en las relaciones de ambos gobiernos, decidida por el criminal, lunático y mamón llamado Tartufo, por cierto, nieto de un español.
En la ceremonia se cumplió puntualmente el protocolo: se escucharon los himnos de ambos países y muchas banderas de México y de España engalanaron el Palacio Nacional, orgullo de los mexicanos y construido por Hernán Cortés, a quien desde ahí lo injuria en español una hija de búlgara y nieta de lituanos.
La anfitriona ya no le exige al gobierno español lo mismo que Tartufo: “que se disculpe por las atrocidades cometidas por España durante la conquista”. Ahora sólo le pide “que reconozca la grandeza de nuestras culturas originarias”. Pues resulta tan ridículo exigir esa disculpa como pedir tal reconocimiento.
Por cuanto a lo primero, cualquiera, algo instruido, sabe que hace 500 años no existían España ni México; que unos 450 aventureros de Castilla y Aragón arribaron a Mesoamérica para dominar y enriquecerse; que a ellos se unieron muchos pueblos que durante siglos fueron brutalmente sojuzgados por los aztecas; que a las atrocidades de los aztecas siguieron las de los conquistadores. Por cuanto a lo segundo, México no necesita ningún reconocimiento del gobierno español, y pedirlo es humillante.
No obstante, Sheinbaum sigue con la tonta y mentirosa cantaleta de que durante tres siglos México fue colonia española. La doctora debiera saber que durante ese tiempo la Nueva España fue Virreinato, no Colonia, y que México nació como nación independiente hasta 1821, con el triunfo del Ejército Trigarante de Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero.
Lo que resulta indispensable para evitar discusiones perversas y reyertas enfermizas que impiden la necesaria unión de los mexicanos, es que defendamos dos verdades irrefutables: La primera, que quienes desprecian la grandeza de las culturas que florecieron en toda Mesoamérica antes de la Conquista son ignorantes o racistas envenenados que mutilan una parte esencial de lo mexicano; La segunda, que quienes desprecian la grandeza de las culturas que llegaron a estos territorios a partir del arribo de Hernán Cortés y de quienes lo sucedieron son el otro grupo de ignorantes o racistas envenenados que mutilan la otra parte esencial de lo mexicano. La principal riqueza de México consiste precisamente en ser ese crisol en el que se fraguó (y se sigue fraguando) un mestizaje de sangres, culturas y tradiciones originarias de todas partes del mundo.
En razón de lo dicho: Si desde que somos nación hemos padecido a sabandijas racistas que falseando nuestra historia nos mantienen divididos, comencemos por fumigar el Palacio Nacional.