La 4T (o T4) en pantaletas

Ciudad de México /

Si desde que él llegó empezó a desplomarse la economía, dejándola bajo cero antes de la pandemia, con aumento del desempleo, la pobreza, el cierre de empresas y la fuga de capitales, entiendo a López Obrador.

Si en sus primeros 20 meses se ha desbordado la criminalidad desafiando al Estado con horrendas masacres y metralla por todas partes, entiendo a López Obrador.

Si la narrativa oficial reitera que “ya dominamos la pandemia”, pero sus números señalan aumento en los contagios y que pronto se llegará a 50 mil muertos (de las tragedias humanas dan cuenta diaria los medios de comunicación), entiendo a López Obrador.

Si su cantaleta de que “ya no se permiten la corrupción y la impunidad” la desmiente la evidencia, porque no hubo “cambio de régimen” sino de pandilla, y los de ahora también son voraces pero más ineptos (con él al frente disponiendo ilegalmente de cientos de miles de millones del erario), entiendo a López Obrador.

Se explica, pues, que sea un gobernante en fuga hacia delante. Otro ya habría renunciado pidiendo perdón. Ya ni los “otros datos” están en su retórica; sus sermones, que truquean la Biblia, convencen a menos, y las “benditas redes” se le están volviendo malditas. Con el “derecho de réplica” no argumenta ni responde, solo injuria a sus críticos y culpa al pasado, por eso entiendo a López Obrador.

Ningún gobernante busca dañar a “su pueblo” y pasar a la historia como mequetrefe fracasado, por eso, al no poder transitar de opositor y “luchador social” a Presidente de todos los mexicanos y jefe de Estado, sigue en campaña, en pendencia perpetua y debilitando o destruyendo a las demás instituciones. Él o el caos. Se sueña autócrata en un país mísero y analfabeta.

Sin embargo, el futuro lo alcanzó: el “excelente comunicador” cada día comunica menos; las multitudes que movía y conmovía empiezan a increparlo; el “rayito de luz” alumbra menos que una luciérnaga; y al “único hijo laico de Dios” ya no le sirven las estampitas católicas ni los amuletos paganos.

Las crecientes tragedias del país potencian sus desvaríos; el “anillo en el dedo” lo tortura; la tormenta arrecia y le cierra caminos; sus ojos en la nuca ven el pasado, no la realidad desafiante del mundo moderno. Por eso, todo es ganar tiempo distrayendo: manosea electoreramente el caso Lozoya, da mal ejemplo y riñe sobre el cubrebocas, destaca el gasto exorbitante en el avión pero calla el quebranto que dejará su venta; y así ad-nauseam. Con decirle a usted que la gran noticia de hoy es que “para devolverle al pueblo lo robado” ¡también subastaron pantaletas! (parece que no salieron por usadas y fuera de moda).

Y Morena convertida en pelea de perros entre las piernas del susodicho… pero “es un honor estar con Obrador”. Lo entiendo: está atrapado por él, los suyos y la realidad.

  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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