Habiendo perdido muchos de los valores éticos y sociales de antaño e inmersos en la tragedia nacional, seguimos padeciendo en México el remolino político, y más basura seguirá oscureciendo nuestros cielos. Me refiero a las campañas de Estado de México y Coahuila, y a la federal de 2024.
Aumentarán los recursos públicos para atrapar con felonía el voto de los más pobres; la publicidad tramposa, costosa y banal será más abrumadora; el narco seguirá cooptando y matando candidatos; y serán muy reducidos los espacios para valorar las opciones. Por eso debemos estar en alerta, reflexionar y no ser ilusos para no terminar, nuevamente, desilusionados.
En la historia de la humanidad la lucha por el poder se ha decidido, principalmente, por dos factores: las cualidades de los competidores y las de los ciudadanos. Por eso la mayor esperanza de México está en sus jóvenes (por su vigor y lozanía) para luchar por la verdad, la ley y la justicia.
Mientras en nuestros lares la mentira oficial (por evidente, estúpida y cínica que sea) se tolere (y aplauda por muchos), la vida nacional seguirá dominada por canallas. Mientras gobernantes asquerosamente falsarios, corruptos y transgresores de la ley sigan “gozando de popularidad en amplios sectores de la población” la depravación nacional seguirá incontenible.
Los destinos de México no estarían decididos por la incompetencia, la soberbia, el latrocinio y la impunidad de muchos execrables gobernantes si no hubiera tanta indiferencia y cobardía entre los mexicanos. Somos precisamente los ciudadanos quienes debemos castigar esa soberbia y maldad. ¿Cómo? Con nuestros votos y con voces fuertes de repudio, porque de la impunidad política nacen todas las demás impunidades. Una sociedad ausente de sus responsabilidades cívicas y políticas termina siendo manjar para carroñeros.
En la democracia también se decide quiénes no deben gobernar. El voto de castigo implica no perdonar a los ineptos y rufianes, pero en México si algo se tolera y perdona son las fechorías de políticos y gobernantes, privilegiando el acomodo ruin en busca de dádivas y prebendas. ¡Claro, sin privarse del sacrosanto derecho de lloriquear por nuestras desgracias!
La única salida para México en 2024 es el involucramiento amplio y valiente de los ciudadanos (principalmente jóvenes) en las decisiones de partidos políticos opositores al actual régimen, para la presentación de candidaturas y programas de gobierno atractivos y confiables para los electores. Solamente así fortaleceremos nuestras instituciones y viviremos, todos, protegidos por la ley.
Quienes toleran y perdonan a políticos y gobernantes atrabiliarios, merecen seguir siendo atropellados. Sí, porque la impunidad política es la pútrida madre de todas las demás impunidades.
Diego Fernández de Cevallos