La petición presidencial y el verdadero camino

Ciudad de México /

El Presidente recientemente dijo que es tiempo de definirse en favor o en contra de la transformación que él encabeza y patrocina; descrita inequívoca y reiteradamente por dirigentes nacionales de Morena, y que hace días ratificó nada menos que el subsecretario de Educación Superior de la SEP, Luciano Concheiro, diciendo que EL COMUNISMO ES NECESARIO PARA TRANSFORMAR A MÉXICO. ¿Más claro?

El Presidente, embozado como acostumbra, lo planteó patrióticamente preguntando: “¿Se está por la honestidad y por limpiar a México de la corrupción o se apuesta porque se mantengan los privilegios de unos cuantos?”

Debiera saber el inquilino de Palacio que su proceder deshonesto, injurioso y maniqueo ha hecho de México un campo de batalla bien definido, entre los que están con él por interés o porque aún le creen, y los que lo detestamos por nefasto. Afortunadamente, cualquier ciudadano puede cruzar la línea divisoria como le dicte su conciencia o lo degraden sus intereses, pero la indiferencia y el miedo resultan abominables.

El ínclito demócrata y estadista ya lo dijo: “con un par de zapatos” por marchante, y graneando al “pueblo bueno” con “arroz, maíz y frijol” alcanzaremos “la felicidad del alma”.

El Presidente confía en que sus transgresiones a la ley, hasta hoy impunes, sus injurias a los no sumisos, la derrama de migajas a millones de menesterosos y las mentiras que incontinente barbotea aumentarán el amor que le tiene el “pueblo bueno” y que algún día un carro de fuego lo llevará para ser acurrucado eternamente por “los héroes que nos dieron Patria”.

Habla de honestidad el que se halla rodeado de muchos a los que calificó públicamente de grandes ladrones y depredadores; nos habla de honestidad quien lleva el 80 por ciento del dinero público aplicado en obras y servicios sin las licitaciones que exige la ley, pero con absoluta opacidad y sin más definición que su capricho y clientela. Si eso es ser honesto, dígalo usted.

Ciertamente la mentira ha sido la constante en la política del mundo, pero los excesos de tal perversidad en el actual gobierno rebasan toda medida. Hasta Pinocho en la presidencia se avergonzaría, y si, como dice López Obrador, “la mentira es del demonio”, él está endemoniado.

Si a la calamidad de gobierno que padecemos se añade que la pobreza, la violencia, el desprestigio internacional y la fuga de dinero van en aumento, con una dramática caída en la economía —todo ello antes y durante la pandemia— decir que lo peor está por venir no es un mal deseo, sino una realidad que los mexicanos debemos revertir.

Las estridencias opositoras merecen desconfianza, la tarea benéfica e inaplazable consiste en que los partidos políticos, con la exigencia y participación de los ciudadanos, conformen buenos congresos y buenos gobiernos.México lo reclama, y aún es posible.

  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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