La realidad nacional y un sabio consejo

Ciudad de México /

México nos exige cumplir con nuestros deberes, unir fuerzas por ideales realizables y no consentir los abusos del poder. Solo los “iluminados” y facinerosos se creen predestinados para “salvar a la patria”. Esos tales ignoran que “la virtud más eminente es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer”.

Si estamos atrapados entre la pandemia, la catástrofe económica y el mal gobierno, lo primero que procede es superar nuestro falso destino manifiesto, que consiste en creer que nacimos como nación siendo víctimas de todo y de todos, condenados a ser súbditos y parias a perpetuidad, y cobardes por naturaleza; lo segundo, es entender que en lo individual y en lo social somos y seremos el resultado de nuestro esfuerzo para enfrentar las adversidades.

1) la PANDEMIA: Se ha dicho mucho de ella y más se dirá, lo cierto es que ese virus llegó para quedarse y habitar entre nosotros; ojalá pronto tengamos cura y vacuna seguras. Por lo pronto, México se halla entre los países con menos pruebas por habitante para detectar la enfermedad, contra lo recomendado por la OMS. Para ya no abundar en los “otros datos” y el mal ejemplo dado por ya saben quién, por lo pronto: 5 mil difuntos adornan el anillo divino; para ellos y los que faltan (o faltamos) no habrá “nueva normalidad”.

2) la CATÁSTROFE ECONÓMICA: Comenzó con este gobierno y la agudizó el coronavirus. Veníamos mal, pero había un crecimiento constante y salidas hacia delante. Ahora, arbitrariedades, caprichos, despilfarros, ineptitudes y latrocinios nos ofrecen “la felicidad del pueblo”, esa en la que será suficiente “un par de zapatos” por súbdito.

3) el GOBIERNO: Esta administración no inventó ni hizo nacer la inmundicia en la que chapotea. Más aún, sin la putrefacción con la que pactó sería inimaginable su arribo al poder. Basta con ver quiénes son y de dónde vienen los principales aliados de la transformación de cuarta, que —con sus excepciones— es un mazacote de ineptos, corruptos, léperos, mentirosos y sandios que han polarizado y empobrecido más a la población.

Hoy, como nunca, debemos fortalecer a nuestras instituciones, rescatar para la democracia la Cámara de Diputados y luchar por un nuevo gobierno que siga este sabio consejo atribuido a Abraham Lincoln: “No puedes ayudar a los pobres destruyendo a los ricos; no puedes fortalecer al débil debilitando al fuerte; no se puede lograr la prosperidad desalentando el ahorro; no se puede levantar al asalariado destruyendo a quien le contrata; no se puede promover la fraternidad del hombre incitando el odio de clases; no se puede formar el carácter y el valor mediante la eliminación de la iniciativa e independencia de las personas; no se puede ayudar a las personas de manera permanente haciendo por ellos lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos”. 


  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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