Los de adentro lo mandaron matar

Ciudad de México /

Tiene enorme significado el sentido reconocimiento que hizo el secretario de la Defensa Nacional al valor y patriotismo de los 25 o más soldados, guardias y policías que murieron durante la captura y muerte de El Mencho y varios de sus secuaces.

La pérdida de sus compañeros de armas y el inmenso dolor de los huérfanos, viudas y demás familiares calaron hondo en el hombre, pero demostró orgullo y pundonor de general.

Empero, lo que más exigen y merecen los uniformados, de aire, mar y tierra, que de verdad consagran su vida al servicio de México, es tener la certeza de que los réprobos y traidores, de cualquier nivel, sean severamente castigados y que no los cubra impunidad alguna.

Pregunto: ¿se le puede exigir a la tropa que pierda su vida luchando contra siniestras organizaciones asociadas en grandes negocios con funcionarios municipales, estatales y federales del más alto nivel que gozan de protección gubernamental? Porque hay policías, alcaldes, legisladores, gobernadores, militares y miembros del gabinete presidencial que, junto con empresarios, integran al llamado Crimen Organizado. No es una hipérbole hablar aquí de narcoestado o narcogobierno.

Si alguien lo duda, vamos al caso del “huachicol fiscal”: Según informes de autoridades, se trata de un quebranto al erario por más de 600,000 millones de pesos. El contraalmirante Fernando Guerrero, diplomado del Estado Mayor, denunció de viva voz y por escrito ese delito ante los dos últimos secretarios de la Marina Armada de México (José Rafael Ojeda Durán en el sexenio de López Obrador, y Raymundo Pedro Morales Ángeles en el de Claudia Sheinbaum). Poco después dos motociclistas acribillaron a Guerrero a quemarropa. No fue un asalto, los suyos, los de casa, lo mandaron matar.

En un audio no desmentido, expuesto por Aristegui Noticias, se escuchan al denunciante, a otros no identificados y al entonces secretario José Rafael Ojeda Durán, quien comentó: “se podría cerrar el asunto con cambio de personal o llevarlo hasta sus últimas consecuencias”. En los hechos, las últimas consecuencias fueron: la persecución judicial de dos sobrinos políticos de Ojeda Durán y de funcionarios menores, así como el asesinato del valiente marino. Sobre el crimen, los de hasta arriba y la recuperación de lo robado: impunidad y silencio.

Si Guerrero fue asesinado por denunciar un gigantesco robo a la nación es un auténtico héroe. Yo pregunto al secretario de Marina y a la jefa suprema de nuestras Fuerzas Armadas: ¿Él y su familia no merecen justicia? ¿No procede un homenaje público encabezado por ustedes, como lo hizo el secretario de la Defensa a los caídos por la captura de El Mencho? En tal caso ¿también se les quebraría la voz?

Pero la cínica tapadera únicamente repetirá su baboso sonsonete: “mejor hablen de García Luna”.


NOTA DEL EDITOR

El texto se actualizó debido a un error en la publicación original (tanto en línea como en la versión impresa) donde se omitió un párrafo, haciendo ininteligible su sentido.

Ofrecemos una disculpa al autor y a los lectores.


  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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