¡Militares asesinos!

Ciudad de México /

“Ya sabemos lo que sucedió en Ayotzinapa”, dijo recientemente mi bienamado Tartufo. Sólo faltaba el último informe de los justicieros, diciendo Urbi et Orbi: ¡Misión cumplida!

Desde el 2 de diciembre de 2018, al nacer la Comisión de la Verdad y la Justicia, presidida por el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, la única premisa de la investigación (cuya comprobación era inexcusable) fue: sin militares asesinos no habrá verdad ni justicia, porque ¡fue el Ejército, fue el Estado!

Además, debía cumplirse escrupulosamente con la ruta trazada por esa soberana patraña autodenominada “cuarta transformación”:

(1) desdeñar todo lo investigado y hecho en el pasado;

(2) perseguir por el mundo entero a quienes fueron investigadores.

Si ello implicaba la liberación de asesinos confesos de haber masacrado y desaparecido estudiantes, no importaba; lo fundamental era encarcelar a los ex funcionarios investigadores, y al mayor número posible de militares, fueran inocentes o no. Solo así ondearía victorioso el principal estandarte de su campaña en pos de la Presidencia. Narciso, en su Palacio, esperaba jadeante y desesperado.

Nada de investigar hipótesis ni de probar hechos, sino de justificar, a como diera lugar y lo más pronto posible, la “verdad” anticipadamente vociferada.

Aunque les falta llevar a Zerón al paredón (si Israel obsequia la injustificada y tramposa solicitud de extradición), ya se hallan encarcelados el ex procurador general de la República y cuatro militares, incluido un prestigioso general de División… y ya fue liberado el principal sicario de los estudiantes. Todo parecía resuelto en lo substancial.

Pues, hete aquí, en una entrevista dada en días pasados a The New York Times, el referido subsecretario Encinas confesó tajante, sobre las principales pruebas exhibidas en el expediente penal, algo inaudito: “hay un porcentaje, muy importante, que está todo invalidado” … “no existen elementos suficientes para acreditarse”. ¡Y esas fueron las “pruebas” urdidas para encarcelar a los militares, involucrándolos con sicarios, y perseguir a ex funcionarios! ¡Canallada sin límites!

Pero, la verdadera raíz de todo lo anterior es el cobarde, criminal y peligroso doble juego de Tartufo en agravio de nuestras fuerzas armadas: por un lado, la abundante entrega de tareas y dineros a las élites castrenses (para corromperlas y tenerlas sumisas) y, por el otro, vaciar a esas instituciones de prestigio frente a México y el mundo. Al no poder “desaparecerlas” (como era su deseo tan pregonado cuando buscaba la Presidencia) las está dejando irreconocibles, al tachar a mandos superiores de sanguinarios asesinos de los jóvenes de Ayotzinapa.

¡No más ataques de sociópatas! Su honor le exige a la milicia ser respetable y hacerse respetar.

Diego Fernández de Cevallos

  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.