Maru Campos se plantó ante la FGR por la citación (ilegal y confusa) que ésta le hizo, pero no cayó en la trampa: dejó vacío el humillante banquillo de los acusados que le había preparado. Simplemente: fue, acusó y se fue.
Empero, si analizamos objetivamente el asunto en cuestión concluiremos que no existe una persecución formal (ni mucho menos fundada) en contra de la gobernadora de Chihuahua sino un hostigamiento cobarde y perverso a su persona con el propósito de ocultar el infierno en que han sepultado a México. Tratan inútilmente de igualar al narcogobierno de Sinaloa (y de otros estados del país) con el valiente gobierno de Chihuahua que combate al calificado por EU como narcoterrorismo. Por eso la desesperación, indecencia y estupidez cuatrotera.
La plana mayor del obradorato está aterrorizada porque la bota del Imperio les tiene pisados pescuezos y rabos, y de nada les sirve a los roedores atrapados poner un ventilador en Sinaloa pretendiendo que su hedor llegue a Chihuahua.
El obradorato no va en caída libre, ya está hundido. Demostró que no es igual a los gobiernos anteriores sino peor que todos ellos juntos. Su estandarte de honestidad valiente resultó ser un trapo sucio y ensangrentado. Esa mafia asesina rebasó todas las marcas en soberbia, ineptitud, bandidaje y cinismo. El grupo gobernante es una banda insolente que destroza y se atraganta. Lo importante es impedirle que se levante, porque seguirá destruyendo al país.
La advertencia y amenaza directa de Rocha Moya a su mafia, de que: “si caigo yo caemos todos”, es tan cierta como implacable: No se ve como un fusible desechable sino como uno de los epicentros de la confabulación; Se ve como el hermano de Tartufo, que lo impuso, con el aval de los chapos, en el gobierno estatal; y que se salvan todos o ninguno.
Analistas de gran prestigio, como el maestro Alfonso Zárate, afirman que López Obrador es la pieza mayor para las agencias estadunidenses. Que el actor principal del acuerdo que ha permitido que las drogas, y en especial el fentanilo, lleguen a su territorio no es Rocha sino Andrés Manuel. Sólo este pudo pactar o autorizar ese pacto. La frase “abrazos y no balazos” no fue un mero eslogan sino la descarada oferta de impunidad al crimen organizado.
Ciertamente es ominoso y torpe esperar que nos rescate el gobierno yanqui, porque él sólo defiende sus intereses y busca afianzar su intervencionismo, pero ha precipitado el estruendoso derrumbe cuatrotero y no sabemos a cuántos pájaros más enjaulará para que le canten.
Por eso, debemos unirnos los hombres y mujeres decididos a vivir en libertad responsable y sometidos a la ley, para ofrecer a la población líderes honestos y capaces que encabecen gobiernos transparentes y eficaces; gobiernos que solamente respondan al bien de la nación.