Un juarista arrodillado ante el Imperio

Ciudad de México /

Al gran Javier Sicilia

Cerrar ojos y oídos, rechazar la realidad, mentir, injuriar a los que defienden sus legítimos y vitales intereses, negarse a un diálogo que lleve a la solución legal, justa y conveniente para todos, y enviar a la Guardia Nacional como único argumento (con saldo, hasta hoy, de una mujer asesinada por la espalda, su marido gravemente herido y el dolor de los huérfanos), es el proceder de López Obrador si de servir a Estados Unidos se trata.

En doblegarse servilmente ante el atrabiliario vecino, su juarismo es puro y duro. Por eso repite: “con ellos, amor y paz, suavecito, suavecito, je,je,je”; o sea, flojito y cooperando.

De su amenazante librajo de campaña Oye, Trump pasó a enviar dócilmente 35 mil soldados a la frontera sur para detener la migración a EU. La crítica de su correligionario, Muñoz Ledo, fue implacable. También acató la orden de militarizar nuestra frontera norte, para beneficio de su mandante. Ahora solo le importa entregarles el agua a que se refiere un tratado, algo a lo que, por cierto, nadie se opone.

Pero cumplir con esa obligación no implica abrir las compuertas de las presas a la trompa talega y en grave daño a los productores chihuahuenses, que trabajan y producen, que no se asumen como pordioseros, sino como hombres y mujeres con dignidad decididos a vivir de su esfuerzo. El problema surge porque los gobiernos federales han manejado irresponsablemente las aguas en los estados norteños, sin que nadie responda por nada.

Y ahora que todo opositor es tildado de “conservador”, recordemos los hechos: más allá de las desviaciones y crímenes en los que incurrieron ambos bandos (de lo que sobra documentación sin cuestionar), hubo liberales y conservadores verdaderamente grandes y patriotas, sin que faltara la vileza humana con toda su crudeza.

La gran mentira reiterada hasta hoy es que los liberales vencieron con sus armas a los conservadores. No, las armas y los militares que vencieron a Miramón fueron yanquis. Sus buques de guerra cañonearon a dos barcos de los conservadores en el puerto de Veracruz, último reducto de Juárez, que solo esperaba un barco de sus “aliados” para fugarse. Así se decidió la historia de México. Por eso el gobierno de Juárez firmó el ominoso Tratado McLane-Ocampo (que había rechazado Miramón), recibió de ellos 2 millones de dólares y agradeció las ayudas diciendo: “El señor comandante Turner, así como los demás jefes de los buques americanos, reciban nuestro recuerdo… El hecho será inolvidable para la República Mexicana, y en el corazón de los demócratas el nombre de Turner y los suyos vivirán eternamente…”.

Los 15 de septiembre sería merecido, antes que a Juárez, un ¡Viva Turner!

Por lo pronto, Chihuahua enfrenta a un juarista, también arrodillado ante el Imperio. 

  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
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