El 'bully'

Jalisco /

Te empuja y después te ayuda a levantarte del suelo. Olvida la agresión. Recuerda el consuelo. La salvación en un momento de vulnerabilidad. La misma mano que somete sale en auxilio. El disfraz de la violencia. El ciclo de hundir y rescatar. El bully que espera un agradecimiento por llamar a la ambulancia tras la paliza, y luego se sorprende cuando le regresan el golpe.

Cuatro detenidos por la manifestación contra el alza de transporte público, liberados por la benévola mano que dirige a la misma corporación policial que los agredió y detuvo arbitrariamente. Una historia que se repite a dos meses de la represión durante la manifestación de la Generación Z, que terminó con 40 arrestados, 32 liberados y otros tantos que siguen su proceso en libertad y con temor a represalias. Porque los dejan ir, pero no limpios ni en paz. Afloja la cadena, pero no la suelta, como un recordatorio de quién es el mandamás, que aquí los derechos existen o no según su voluntad.

En Jalisco no se han ido las viejas prácticas represoras. La diferencia es que a Enrique Alfaro no le importaba poner mano dura a sus detractores ni asumir el papel de villano; por otro lado, Pablo Lemus quiere ser el héroe de la película. 

Primero da el golpe del tarifazo, después da otro con sus uniformados y finalmente les soba la herida. Como si eso bastara para un borrón y cuenta nueva. Una cara amable para esconder el autoritarismo y los abusos policiales que se han vuelto la regla y no la excepción en las protestas. Se le olvida que hoy tiene el poder, pero mañana ya no. 

Asume el papel del padre compasivo que se apiada de los hijos rebeldes. 

Así, libera a estudiantes, los pobres jóvenes manipulados y utilizados por los partidos de oposición -según él- para que tomen las calles por el incremento al pasaje. Unos inocentes sin capacidad de pensar por sí mismos, alzar la voz y expresar sus inconformidades. No, eso no puede ser. Son los políticos malévolos los que los utilizan, no la respuesta de una sociedad harta de aumentos injustos y abusos de autoridad.

El bully levanta la mano, mientras el otro espera sin saber si viene una caricia o una cachetada. Abusa porque lo dejan. Sigue porque nadie lo enfrenta. Pero tarde que temprano, se topa con uno de su tamaño. 


  • Dora Raquel Núñez
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