Karla Margarita. Así se llama mi hermana mayor. Ese nombre apareció primero en una ficha de búsqueda, después como una víctima de feminicidio. Karla Margarita Pérez Jiménez, de 22 años y estudiante de Medicina de Guanajuato, fue reportada como desaparecida el 14 de septiembre y hallada sin vida dos días después en Zapopan. Se llamaba igual que mi hermana, que alguna vez tuvo 22 y viajaba, salía y se divertía. Esa Karla Margarita hoy es madre, bailarina, maestra. Esta Karla Margarita no podrá ser lo que quería ser.
Comparten el mismo nombre, pero distintos destinos. Como ellas, muchas.
Hace tiempo, en el auge del movimiento feminista contra la violencia de género, en redes sociales se viralizó un experimento. En el buscador de Internet, las mujeres escribíamos nuestro nombre y la palabra “hallada”. Así conocí el caso de Raquel Padilla Ramos, historiadora y activista, asesinada por su pareja el 7 de septiembre de 2019 en Sonora. Hoy, aparecen resultados nuevos en la búsqueda: Dora Gutiérrez, de 47, hallada sin vida en Chihuahua; Dora Elizabeth, de 48 años, ultimada en su casa en Puerto Vallarta; Raquel Cordero, muerta dentro de una camioneta calcinada en Veracruz.
Desde 2020, cuando se hizo viral este reto, más de 4 mil mujeres han sido víctimas de feminicidio, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública; otras 7 mil víctimas no llegaron a esa clasificación, ya sea porque se descartó móvil de género, hubo omisiones en la integración de las carpetas de investigación o parcialidad de los juzgadores.
Sus historias quedan resumidas en estadísticas imprecisas y titulares en los medios. Y nada más. Pero todas ellas dejan una sociedad en duelo y desesperanza.
Y mañana aparecerán otras Karlas, Margaritas, Doras, Raqueles, Anas, Marthas, Gabrielas, Beatrices, Valerias, Fernandas, Paolas, Teresas, Dianas… Todas hermanas, madres, amigas, tías, maestras, vecinas, compañeras, activistas, estudiantes. Mujeres que hoy hacen planes para un mañana que no llegará.