La primera piedra

Jalisco /
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Cómo se preocupan por el Estado laico cuando se destinan recursos públicos para una religión que no es la católica. Entonces sí, sacan la Constitución y la alzan como si fueran las sagradas escrituras para condenar a los infieles del mandato legal, pero callan cuando derrochan en festividades que se alinean a sus creencias o gobernantes se reúnen con el Papa en turno.

Jalisco tiene una larga historia de violaciones a la laicidad del Estado. Desde el limosnazo del gobernador panista Emilio González Márquez de 90 millones de pesos para la construcción del Santuario de los Mártires hasta la concesión de predios públicos para lo que hoy es la Hermosa Provincia. Los ayuntamientos de Zapotlanejo, Chapala y Juanacatlán dieron las llaves de la ciudad a la Virgen de Zapopan. No es tema que el gobernador acuda a ceremonias religiosas o que alcaldes de Guadalajara y Zapopan participen en la Romería. No pasa nada, vaya, hasta es bien visto por sus simpatizantes. Pero el préstamo de escuelas para feligreses que llegan a la Santa Convocación de La Luz del Mundo no se puede tolerar.

No se trata de defender la decisión de la Secretaría de Educación Jalisco de abrir estos espacios a los seguidores de la controvertida iglesia, sino de señalar la falta de congruencia de quienes critican una, pero defienden otra, dependiendo de su propia fe.

Porque la separación de Iglesia-Estado es un discurso utilitario. Sirve a unos o a otros. Nada más. Nadie está realmente indignado si se cruza la barrera. Si así fuera, también alzarían la voz cuando se utiliza la fe para legislar contra los derechos humanos, como se negó durante mucho tiempo la interrupción del embarazo y el matrimonio entre personas del mismo sexo que atentaban contra el dogma mayoritario. 

La indignación por el Estado laico es selectiva e hipócrita. Porque desde que la organización religiosa tiene a su líder convicto, no hay político que se pare en la Santa Cena sin miedo a que le arrojen la primera piedra. Pero quien se anime a tirársela, tiene que pegarle a todos, sin importar el templo. 


  • Dora Raquel Núñez
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