Pérdida

Jalisco /

Qué difícil es la pérdida. La pérdida de un ser querido, de la esperanza, de la conexión, de ganas. Pero así es. Se pierde algo cuando menos te lo esperas, en un segundo ya no lo tienes. Todo es frágil. Desaparece sin pedir permiso.

Cuando se pierde, algo se rompe. Una pérdida no se repara. Se parcha, se pega con un abrazo, un gesto, una palabra precisa. A veces solda, y otras, solo sostiene. Se cuida y se protege para que no vuelva a desmoronarse.

La pérdida ahoga. Se queda el llanto detrás de la sonrisa forzada que obliga las normas sociales. El grito de dolor se traga para contener la emoción que desata. Ahí se pierde la tranquilidad, la paz, la armonía. Se aprieta el caos en el pecho y se desordenan los pensamientos.

La pérdida también detona lo peor de uno mismo. Se deja de ser lo que era antes para entregarse al enojo y la frustración por lo que ya no se tiene.

La pérdida deja un hueco imposible de cubrir. No hay nada que pueda aliviar la herida que, eventualmente, cicatriza.

La pérdida no espera. Llega aunque todavía estés sanando otra y vuelve a arder con más intensidad que antes.

La pérdida nubla. No deja ver lo que sigue aquí, y lo que deja una partida. El amor, los recuerdos, la lección, el autodescubrimiento.

Lo difícil es atravesar la pérdida. Es el recorrido de incertidumbre, dolor y resignación. Sentir que se camina solo, aunque haya tantos alrededor mientras se sufre la derrota por perder.

Pero a veces, en la pérdida se halla consuelo en quien menos se espera, un hombro en el que llorar, un oído que pueda escuchar y una voz que regale claridad cuando todo es difuso.

La pérdida es inevitable. Nadie se libra nunca de ella. En algún momento, hay que despedirse. Nos obliga a decir adiós con el corazón apretado, agradecido por lo que se tuvo, y con la fe de que se puede volver a ser, para no perderse uno mismo.


  • Dora Raquel Núñez
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite