Pinocho, maestro de la verdad

  • Intimidades colectivas
  • Edgar Salinas Uribe

Ciudad de México /

Como ejemplar autoritario, uno de los conflictos abiertos por el presidente norteamericano es el sostenido con (casi) toda la prensa que lo desmienta, desenmascare sus embustes, o no aplauda sus dislates.

En el museo de los totalitarismos debiera colocarse una placa con el tuit publicado por Trump:

“The FAKE NEWS media (failing @nytimes, @NBCNews, @ABC, @CBS, @CNN) is not my enemy, it is the enemy of the American People!”. Supongo que Nicolás Maduro le habría dado retuit de no ser por el siempre invasivo qué dirán.

Excepto a Fox News, con quien el mangnate con nombre de torre mantiene una relación de mutuos elogios, al resto de la prensa la considera decadente.

Más allá de su patológica propensión a la mentira, al deleite por la comunicación directa con audiencias cautivas y al uso de mensajes simples y maniqueos, tan útiles en políticas del fango (abundantes por nuestros lares), Trump sabe que sobre los medios pesa un descrédito cultivado con dedicación y pericia. Y trata de aprovecharlo en su favor.

La construcción de la agenda noticiosa implica editar. Es decir, hacer legible (visible, audible) con criterios de veracidad, los supuestos hechos. Suponer que la noticia es igual a verdad y viceversa es falaz, aunque en esa pretensión descansa la reputación informativa.

Mc Luhan advirtió en los medios masivos la capacidad de imponer percepciones artificiales y valores arbitrarios. La tarea de informar, así, no queda exenta del prejuicio, interpretación e interés de quien produce la noticia allende el “hecho”.

Esto ha dado pie a excesos y perversiones en la labor informativa, y en efecto, a una sensible caída en la confianza otorgada a los medios tradicionales de comunicación masiva. Pero una manzana podrida no significa que todas lo estén.

Y así, frente a las avalanchas totalitarias, la democracia tiene en la prensa libre a una de sus principales fortalezas.

Cuando ella hace a conciencia su labor esencial, incomoda al autoritarismo.

Por eso, como señaló el senador McCain: “Los dictadores empiezan suprimiendo la libertad de prensa”.


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