Semana Santa en el mundo cristiano. Semana óptima para el turismo religioso. Es estos siete días encontraremos expresiones multitudinarias de fervor cristiano en torno de los famosos “viacrucis vivientes”. Cada parroquia tiene el suyo, pero pocos tan famosos como el de Iztapalapa y los de Filipinas, uno por su producción, los otros por el drama tan cercano al fanatismo.
En la industria turística, la noción de “turismo religioso” tiene ya carta de identidad. Se trata del tipo de turismo vinculado a lugares considerados sagrados. En el mundo católico, se calcula que a lo largo del año cerca de 25 millones de personas peregrinan a los santuarios más notorios, entre ellos el de Guadalupe.
Sin embargo, en tanto concepto del turismo, el religioso es complejo por la dificultad para determinar el motivo original del viaje.
Las peregrinaciones tienen en principio la motivación religiosa como elemento principal. Pero hay otras visitas a sitios considerados sagrados realizados porque el turista se encuentra en tal o cual ciudad. Una cosa es ir en peregrinación a la Basílica de Guadalupe y otra ir a conocerla dado que la persona se encuentra de viaje en la Ciudad de México.
Desde el ángulo del mercado, el turismo religioso es un espacio en crecimiento (valga como ejemplo local el modo como se ha publicitado la Semana Santa de Viesca, o el Cristo de las Noas, de Torreón). De acuerdo a R. Lanquar, el turismo religioso representa el veinte por ciento del total del turismo. Es un amplio mercado.
México tiene en el turismo religioso a uno de sus principales activos turísticos.
Múltiples santuarios y maravillosas construcciones de culto son sitio de visita obligada para el turista en Michoacán, Guanajuato, Oaxaca, Puebla, Jalisco, Chiapas, Querétaro, Zacatecas. De modo que el mercado está allí.
Esta realidad económica es un ángulo que avasalla la práctica del devoto y fomenta la del turista. El discurso de la época parece prevalecer ya por encima del de la experiencia interior. Semana Santa es un nuevo ejemplo.
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