Errores
Solo Dios no se equivoca. Sin embargo, nosotros, pobres almas circulando en este valle de lágrimas, nos equivocamos a veces hasta del color de camisa que escogemos para el día. Hay equivocaciones probablemente de poca trascendencia y que pueden corregirse sin gran alharaca.
Un maestro puede equivocarse al evaluar a un alumno, darle unos puntos de más o de menos. Un arquitecto puede equivocarse en el estimado de tiempo en que construirá una casa, que mientras quede bien hecha y con cimientos firmes, días más o días menos son sólo pelillos en la mar. Un médico puede equivocarse y a veces corregir sobre la marcha o lamentarse por no tener la suficiente experiencia al momento de la toma de la decisión o de realizar el trabajo.
Todos son errores con rostro; alguien da la cara y frecuentemente saca la casta para explicar la falla y hacerse responsable de las consecuencias.
Pero errores de primer grado en decidir el futuro de generaciones por venir ya sea con presupuestos donde “se olvida” agregar a las instituciones educativas, o ya sea con la cancelación de obras ya decididas y en marcha, como aeropuertos de los que cualquier usuario sensato y regular de los mismos les diga que le van a complicar exponencial e innecesariamente la vida, ésos son otra cosa.
Por la trascendencia de las decisiones se busca con tiempo a los que tienen amplia experiencia en ello, y se les hace caso.
Y ahora, en este nuestro país. el que se equivoca sabe que se equivoca, y le deja la responsabilidad de las decisiones a los que no tienen experiencia directa y regular del uso de aeropuertos, y a los que hicieron mal su trabajo en la elaboración y revisión del presupuesto ni por entrados se dieron en que algo les faltaba.
Si fue incompetencia, malo. Si fue decisión premeditada y lavándose como Pilatos las manos, peor.
El presidente de nuestro país, Andrés Manuel López Obrador, pidió ayuda a las madres de México.
Yo, más humildemente, le pido a todo tomador de decisiones que use su conciencia. Sólo eso, y que afronte las consecuencias de sus buenas y malas decisiones.
Francisco Javier Aceves Ávila