Que este sábado, la gente salió a protestar contra el famoso “tarifazo” apenas unas horitas después de que Pablo Lemus y Fernanda Ortega, de la FEU, salieran al escenario a anunciar con bombo y platillo que el pasaje estudiantil sería de cinco pesos. Un movimiento de gobierno que, si lo comparamos con las épicas resistencias de la era González o Sandoval, tuvo más bien aire de obra de teatro escolar que de rebelión popular. Y justo cuando todos pensaban en irse por unas tortas ahogadas, hicieron su grandiosa aparición los polis de Juan Pablo Hernández, lanzándose a la acción como si estuvieran reprimiendo una invasión y no a un puñado de manifestantes ya cansados. ¿Pero qué necesidad? Con cada despliegue de fuerza desmedida, no hacen más que regalarnos el guion perfecto: a los malos, toda la impunidad y la comedia; a quien protesta, toda la golpiza y el dramón. Una telenovela que ya cansa, pero que los protagonistas insisten en grabar cada sábado de manifestación.
Que la presidenta del PRI en Jalisco, Laura Haro Ramírez, decidió entrar al debate del tarifazo: desplegó cifras contundentes —597 mil estudiantes, más de 17 millones diarios en subsidio, un hueco financiero frente a los mil 200 millones presupuestados— para cuestionar la viabilidad del apoyo al transporte estudiantil anunciado por Pablo Lemus. Estos números buscan desempolvar la calculadora para preguntarse de dónde van a salir esos recursos que al final acaban pagando los tapatíos con sus impuestos y para criticar lo que considera una medida popular desde la supuesta autoridad fiscal de cara al derecho al transporte digno.
Que la unión y el esfuerzo de los vecinos de la Colonia Americana han dado frutos. Su determinación para exigir un entorno más tranquilo y respetuoso ha llevado al Gobierno de Guadalajara a clausurar bares que excedían los límites de ruido permitidos, como Casa Clover Lawn, Bar Plo, Galería Aguafuerte, Bar Rey Gallo, In(oportuno) y Los Aferrados. Es un ejemplo de cómo la comunidad puede hacer la diferencia al unirse y exigir sus derechos. La clausura de estos bares beneficia a los vecinos y envía un mensaje claro a los establecimientos: deben respetar las normas y considerar el bienestar de la comunidad. _