Que hoy cambia la Mesa Directiva del Congreso de Jalisco y el escenario no se parece en nada a lo pactado hace seis meses, cuando el bloque opositor apretaba contra Casa Jalisco. Entonces sonaba Cuquis Camarena para presidenta y la panista Claudia Murguía para la Junta de Coordinación Política (Jucopo). Hoy la realidad es otra: Alondra Fausto asume la Mesa Directiva y Juan Hurtado llega a la Jucopo. En medio año, el bloque opositor pasó de marcar agenda a ver cómo se la cambiaban. En política, los acuerdos duran lo que tarda en llegar la siguiente votación.
Que a Zapopan ayer se sumó Tlajomulco de Quirino Velázquez y ya firmó el acuerdo contra las máquinas tragamonedas. La Federación sigue esperando a que el resto de los municipios sesionen y aprueben. El problema no es firmar. Es querer. Las tragamonedas no esperan al cabildo. Operan.
a solicitud de la diputada
Celenia Contreras, mototaxistas se reunieron con el secretario de Transporte,
Diego Monraz, para aclarar competencias entre estado y municipio. Denunciaron acoso de funcionarios municipales: les cobran hasta 200 pesos semanales para dejarlos trabajar y les dan un chaleco distintivo, o sea del color de Morena. El mismísimo esquema que reventó en Tequila. El secretario los invitó a denunciar. Porque cuando el municipio cobra por trabajar es derecho de piso.
Que en el Ayuntamiento de El Salto, con Nena Farías al frente, ya saben el tamaño del problema: cerca de mil licencias y permisos de funcionamiento presuntamente falsos, heredados de la pasada administración. El dato ya circula en corto entre directores. El problema real es que la cifra no deja de crecer. Cada ciudadano que llega a renovar destapa otra irregularidad: folios clonados, firmas que no existen, sellos fantasmas. Tesorería y Padrón y Licencias ya no dan abasto. Lo que empezó como desorden administrativo hoy huele a carpeta de investigación. Mil documentos apócrifos no son error ni descuido. Es un sistema que operó años y que no se limpia con multas. Se desmonta en Fiscalía. Por eso la pregunta en El Salto ya no es cuántas licencias son falsas. Es quién las firmó, quién las autorizó y quién cobró por cada una.