La Tremenda Corte

Jalisco /

Que vimos de todo ayer en Guadalajara. Los morenistas con tal de quedar bien con la jefa Sheinbaum apoyaron la movilización. Katia Meave, delegada de Bienestar, al frente –con cifras de asistencia muy infladas– destacados morenistas que prefirieron apoyar con camiones y todo pero no hacerse presentes como Mery Pozos, otras ausencias como Nena Farías, presidenta de El Salto, tras verse su comitiva involucrada el viernes en un accidente vehicular donde murió un motociclista o Ricardo Villanueva que opta por guardar distancia pública del morenismo y alumnos de escuelas públicas obligados a asistir. La cereza del pastel fue no poderse conectar a CDMX ni cuando la presidenta presumía en pantallas al morenismo concentrado en todo el país. La pantalla se quedó en negro como única plaza que no pudo hacer conexión... ¿mal augurio para el partido guinda de cara al 2027?

Que todo arrancó como una advertencia: Lulú Barrera, excandidata de Morena a Tlajomulco, juró reventar la integración del comité municipal. Y cumplió. Pero el condimento llegó cuando el papá de la ahora regidora, Jorge Barrera, pasó de la palabra a la agresión física contra la presidenta estatal del partido, Erika Pérez. La asamblea siguió, porque el show no detuvo a la militancia. Un delegado nacional tomó nota de la escena, y ahora se cocina una sanción ejemplar contra la edil, que ya se quedó sola: rompió con su fracción y con la dirigencia local. Ni amigos, ni partido.

Que lo que debió ser una gran fiesta deportiva terminó dejando más dudas que trofeos: la alcaldesa de Ameca, Martha Catalina Loza, canceló la presentación de su equipo a la final de la Copa Jalisco argumentando amenazas, presiones de apuestas y motivos de seguridad, y ni el director del torneo, Demetrio Madero, ni el titular del Code, Fernando Ortega, hicieron algo. Así que el campeón ganó por default, porque sus contrincantes simplemente no acudieron. La premiación siguió igual: fotos, sonrisas y trofeo levantado. La Copa Jalisco demostró una cosa: cada vez es mayor la opacidad de su funcionamiento. Paradójico: un torneo concebido para unir regiones termina provocando división, desconfianza y un persistente tufo de corrupción. La Copa Jalisco no perdió una final: perdió la poca credibilidad que le quedaba, y el campeón se llevó el título sin patear el balón. 


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