Que Alejandro Puerto hoy tiene que sentarse a la mesa y comerse sus propias palabras, con todo y plato. En octubre de 2024 hizo berrinche: renunció a Morena, denunció a los caciques, desconoció a su coordinador Miguel de la Rosa porque no le dieron la silla que quería. Y sentenció que ahí no había proyecto para Jalisco ni para el país. Y cuando intentó armar su propio partido, la vida le dio un portazo. Pero justo en la antesala del reparto de coordinaciones —cuando Morena ya reparte el pastel de las elecciones—, vuelve arrepentido. ¿Y qué encuentra al regresar? Lo mismo que dejó o peor: la dirigencia nacional que tanto despreciaba ahora luce más manchada que nunca, con gobernadores y legisladores señalados por su cercanía con el crimen organizado. Pero a él no le importa haber dicho que jamás volvería a Morena porque no está dispuesto a quedarse sin presupuesto. Regresa por más.
Que a los empresarios de Jalisco les está llegando el agua sucia por dos frentes: uno les cae del SIAPA y otro de Washington. Mientras Donald Trump tensa la cuerda del T-MEC con amenazas de revisiones anuales —y de fondo, acusaciones contra gobernadores mexicanos por su presunta complicidad con el narco—, el 80 por ciento de las exportaciones jaliscienses penden de un hilo. Porque no es lo mismo revisar un tratado que vivir con la espada de Damocles cada 12 meses: la inversión no se hace con incertidumbre, y el empleo no crece con miedo. Y encima, el agua sucia que ya es alarmante no es metáfora: mientras la política exterior se enreda, la crisis hídrica aprieta. Jalisco, segundo exportador del país, ve cómo su mayor socio comercial le exige certeza, pero en casa ni el agua ni las reglas del juego están claras.
Que mientras del grifo sale lodo y agua hedionda, del gabinete del gobierno de Jalisco, dos versiones: Alberto Esquer no descarta capital privado para el SIAPA; Salvador Zamora lo descarta “momentáneamente”. Uno dice “sí, con estudio”; el otro, “no, por ahora”. ¿Y el funcionario que debe dar la cara en el Congreso? No aparece Ismael Jáuregui. De su lado dicen que los diputados hacen show cuando van los funcionarios al Congreso. Mientras tanto, la peor crisis de agua de Guadalajara sigue y la gente abre la llave sin saber si saldrá agua o más discursos.