Que en tres días, el gobernador Américo Villarreal ha ido a seis informes, acompañando a Verónica Peña, de Guerrero; Carmen Lilia Canturosas, de Nuevo Laredo; Adriana Hinojosa, de Mier; Ernestina Perales, de Camargo, y Nathaly García, de Díaz Ordaz. En su mensaje ha dicho: “Que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones ni rompimientos”, en claro cierre de filas con la presidenta Claudia Sheinbaum y la 4T.
Que también estuvo con el alcalde panista de Miguel Alemán, Ramiro Cortez, quien reconoció la colaboración y las coincidencias con el gobierno estatal. Villarreal Anaya le devolvió el gesto: “Como dijo el presidente municipal, soy su compañero, soy su amigo y el gobierno del estado siempre está abierto, como lo está el gobierno municipal”.
Que en Reynosa, Maki Ortiz se pronunció por candidatos honestos y sin ligas con la delincuencia organizada: “Aquí la decencia cuenta”, dijo, argumentando que no quiere huachicoleros ni delincuentes en las boletas. De paso, negó que la alianza con Morena y PT esté rota, aunque cada quien ande por su lado. Al parecer, no piensa quedarse esperando a que le den permiso para hacer campaña.
Que en esa frontera, Manuel Muñoz Cano tampoco se anduvo por las ramas y anunció 15 filtros que deberán pasar los aspirantes del Verde a alguna candidatura, entre ellos, examen antidoping y evaluación psicológica. La lista suena exigente, aunque ya entrados en gastos podrían agregar la prueba del polígrafo, nada más para saber quién llega limpio, quién llega cuerdo y quién llega diciendo la verdad.
Que con la llegada de Gloria Garza y César Verástegui al PAN estatal, hubo cambios en la representación del partido ante el Ietam. Manglio Murillo se fue y Tomás Vanoye tomó la estafeta. La diferencia de estilos salta a la vista: donde el primero solía entrarle al pleito con más enjundia, Vanoye le tiene más cariño a la prudencia. ¿Esa moderación es estrategia o falta de colmillo?
Que Francisco Cabeza de Vaca resurge en el escenario político tamaulipeco sin necesidad de salir en la boleta; desde Somos se asegura que no mete mano, no pone dinero, no manda y no tiene panistas dentro del partido. Guadalupe Acosta Naranjo, dirigente nacional, sí es amigo del exgobernador, pero, asegura Rosario Vargas, la amistad nada tiene que ver con la política. Qué alivio.