TEMPLETE

Laguna /

Que en los pasillos del SIMAS Torreón el runrún ya no es discreto sino estridente. Dicen que algunos “grandes deudores”, de esos que acumulaban cuentas por millones de pesos, mágicamente están quedando en ceros tras desembolsar cantidades que rondan apenas los 100 mil pesos. Negocio redondo, pero no precisamente para el organismo operador.


Que si todo ese dinero ingresara completo a las arcas, la historia financiera sería distinta. Sin embargo, el comentario que corre entre trabajadores es que el recurso se “atoraría” entre Atención Ciudadana y la Gerencia Comercial, donde —según versiones internas— también se negociarían en lo oscurito las famosas factibilidades, esos documentos clave que determinan si un predio cuenta con infraestructura para recibir agua potable y drenaje. Documento técnico que, al parecer, también tendría su lado flexible.


Que a este “trabajo en equipo” se suma el regalo navideño que Servicios Administrativos habría autorizado en diciembre al sindicato UNE (Unión de Sindicatos de la Laguna): 40 plazas con 90 días de aguinaldo y el doble de ahorro cada trimestre. Así cualquiera entiende por qué las finanzas del Sistema no cuadran. Y mientras tanto, el ciudadano batallando por fugas, baja presión y trámites eternos. La pregunta obligada flota en el aire: ¿y la Contraloría? ¿Observando desde lejos o simplemente de vacaciones permanentes?


Que mientras los vecinos de Torreón Jardín hacen corajes cada mañana por la invasión de banquetas por parte de médicos, pacientes y familiares del Instituto Mexicano del Seguro Social, particularmente del Hospital General de Zona No. 16 y la UMAE 71, los agentes de Tránsito parecen tener otra prioridad.

Resulta que en la calle Treviño (24), entre bulevar Revolución y Presidente Carranza, a unos pasos del Seguro Social, los elementos de la Dirección de Tránsito y Vialidad no perdonan: multa segura para todo aquel que se estacione ahí, aunque no obstruya cocheras, no invada banquetas ni afecte propiedad alguna. La consigna parece clara: donde hay necesidad, hay infracción.


Que más de uno se pregunta por qué, en vez de sancionar donde realmente se bloquean accesos o se invaden espacios peatonales, se castiga a quienes apenas encuentran un rincón para dejar el auto mientras cuidan a un familiar internado o cumplen una guardia médica. Bastaría —dicen— retirar un señalamiento para aliviar el caos cotidiano. Pero no, aquí el mundo al revés: faltan cajones de estacionamiento, sobran multas y la sensibilidad vial anda en terapia intensiva.


templete@milenio.com

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