Que afortunadamente el próximo 3 de junio por fin concluirán las campañas para la renovación del Congreso Local en Coahuila. Los tradicionales cierres ya se cocinan entre música en vivo, discursos gastados, templetes improvisados y las promesas cíclicas de siempre, esas que aparecen cada tres años como si fueran novedad. Los candidatos ya patearon las calles, recorrieron colonias, mercados y ejidos, y se metieron hasta la cocina en cuanto lugar pudieron para cazar el voto de cara a la jornada del 7 de junio; ahora solo queda esperar que el ruido ceda, que se apaguen los altavoces y que los ciudadanos asimilen lo escuchado durante semanas de propaganda, recorridos y compromisos que, en muchos casos, ya se han escuchado antes.
Que aunque este proceso electoral para renovar el Palacio de Coss arrastra el eterno estigma de ser “desangelado” y apático, la moneda sigue en el aire. Más allá del desinterés generalizado que suelen provocar las elecciones intermedias, la clave radicará en que la ciudadanía venza al abstencionismo y acuda a las urnas a ejercer su derecho al voto, independientemente de colores, fobias o simpatías. Y es que el Congreso que viene necesitará legitimidad, especialmente en tiempos donde la desconfianza hacia los partidos y los representantes populares continúa creciendo.
Que en el marco del blindaje electoral, el contralor de Torreón, Óscar Luján, juró y perjuró que ya nadie podrá llevarse los vehículos oficiales a casa. Qué bueno, porque a varios funcionarios se les olvida que las unidades son públicas y no patrimonio personal: las manejan sin cuidado, las usan fuera de horario y terminan más tiempo en el taller que en servicio.
Dicen que ahora sí habrá controles estrictos, bitácoras y revisiones permanentes, aunque no son pocos los que creen que el verdadero problema no es la falta de reglas, sino la costumbre de ignorarlas.
Que la agenda política no se detiene por las campañas y este jueves el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, volverá a pisar tierras laguneras. El mandatario estatal tiene programada una intensa gira de supervisión de obra pública en la región, una visita que, además de los cortes de listón y la revisión de avances técnicos, servirá para medir el termómetro político local y enviar un mensaje de presencia institucional justo en la recta final de la veda. En La Laguna, donde cada visita del gobernador suele leerse también en clave política, no faltarán los actores locales que busquen aparecer en la foto o aprovechar el recorrido para acercarse al círculo estatal.
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