Este fin de semana, el periodismo mexiquense se vistió de luto ante la partida de dos de sus miembros. Fabián Rodríguez y Armando Salazar.
Todos nos encontrábamos por la mañana del viernes en las actividades propias del oficio, y otros como un servidor, en la académica y haciendo también labores de periodismo. A las 13 horas empezaron a subir mensajes a las redes sociales, primero preguntando si era cierto o si se trataba de una broma de mal gusto, la versión de la partida de Fabián Rodríguez, Jefe de Información de MILENIO.
Difícil de creer que Fabián hubiera partido de este mundo terrenal, si apenas horas antes había cumplido con su función en la edición de MILENIO, y además convivido con algunos amigos y con su familia, el viernes por la noche se despidió y nunca se imaginaron quienes lo vieron ese día que era la despedida definitiva.
Tuve la oportunidad de conocer a Fabián desde que inició en las lides periodísticas, y cabe el adagio: “hijo de tigre, pintito”, su padre Luis Alberto Rodríguez es un destacado y reconocido periodista que lo guió y lo llevó al camino de esta hermosa profesión que muchos ejercemos, la del periodismo.
Pero al poco tiempo Fabián empezó a construir su propio camino en el periodismo mexiquense, aprendió bajo la sombra de su padre los primeros años, y después emprendió su propio vuelo.
Recorrió todos los medios, electrónicos como radio y televisión; también incursionó en la prensa escrita y después en los medios digitales.
Siempre muy sereno, muy tranquilo y muy profesional, en lo que hacía a su labor como periodista, trasciende porque mostró ese respeto y amor por servir a la sociedad. Afable en su trato como persona y como profesional, y además, siempre dispuesto a colaborar cuando se le pedía y también a apoyar causas justas en beneficio de grupos vulnerables.
Insisto, es difícil de creer lo que nos tocó vivir en el gremio periodístico este fin de semana, porque se trataba de una persona joven con proyectos todavía, y con mucho qué aportarle al periodismo y obviamente a la sociedad desde esta trinchera en la que muchos estamos.
No me queda más que decir: descansa en paz, Fabián, vuela alto porque has pasado ya a la vida eterna. Un abrazo.
Armando Salazar, amigo de todos como servidor público y como periodista. También a ti gracias por todo, sobre todo por tu gran sentido de la amistad y el respeto. Descansa en paz.