La elección del fin de semana en Estado de México y Coahuila no podrá servir, por desgracia, como termómetro de la organización y logística rumbo a 2024, debido a que estamos inmersos en un bucle que “corcholatas”, redes sociales, conferencias mañaneras, pleitos de la gente por defender su ideología, la Corte y partidos que no definen sus estrategias y esperan que todo se resuelva desde Palacio Nacional.
Bajo este contexto, los resultados del domingo 4 de junio quedarán rebasados de inmediato por la contienda máxima que es la sucesión presidencial, aderezada por el entorno hostil de un país peligrosamente dividido, desde sus más profundas entrañas.
Será un año muy corto, el último de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, en donde después del quinto Informe de septiembre, podrá comenzar con la gira del adiós y con ello dar paso a la designación morenista vía encuesta, debate, tómbola y todos los métodos habidos y por haber hasta que quede definida la ruta y el personaje.
Enfrente, la alianza opositora del PAN, PRI y lo que queda del PRD, hurga y desprecia a Movimiento Ciudadano, pero ruega por su apoyo; apelan a las redes y al lamento de la gente bien que suplica para que todas y todos salgan a votar, y así con ello, dicen, detener la ola guinda.
Parecen vivir en 2018, como si se hubieran quedado estancados o congelados en el tiempo, en algún evento de José Antonio Meade o Ricardo Anaya, pues aseguran que con el mismo discurso, la misma estrategia, el mismo modelo, pueden obtener buenos resultados el siguiente año.
Explican que “ya se le ganó” al presidente en 2021 con lo de las alcaldías en CdMx y el supuesto número de curules obtenidas en San Lázaro; pero no hay peor ciego que el que no quiere ver la realidad.
La democracia está en juego y en riesgo, y en una prueba que seguramente no se habrá de superar con honores, pues mientras el oficialismo celebra con antelación a sabiendas que los rivales no representan un relevo a la vista, los aliancistas de antaño continúan nublados de vista y elevados en su nube de arrogancia. Cuesta trabajo despertar a lo que está pasando.