Nuestro país repleto de migrantes, sin trabajo, pidiendo dinero, siendo un foco rojo para pueblos, estados y municipios.
El miedo de todo el mundo, visto desde la xenofobia y el clasismo mexicano que aunque parezca una broma es real.
¿Cómo un habitante de México, un nacido del origen mestizo y la opresión revolucionaria puede tener miedo del migrante?
La respuesta parece estar en nuestra propia calidad de vida que al no ser satisfactoria nos lleva a temer perder lo poco obtenido.
En 100 años de reformas seguimos siendo un país joven, en ciernes de querer llevar a su gente por el buen camino. Cumplimos 208 años como nación y tampoco podemos decirnos mexicanos de origen.
Por nuestras venas corre la sangre derramada desde la Conquista, donde la migración ya era un elemento social.
Una raza acostumbrada a la muerte y a ser desplazados. Una estirpe que se nos extingue por cada mexicano que cruza igual que el hondureño o el salvadoreño la frontera a Estados Unidos.
Tras recibir en Chiapas a la Caravana Migrante, el país despierta de nueva cuenta al tema. Aquí es donde nos llega de golpe la pregunta: ¿estamos listos para recibir a nuestros hermanos centroamericanos?
Si me preguntan, quisiera que se quedaran con nosotros y no busquen llegar al país vecino del norte.
Que no hay capacidad ni recursos, mucho menos ganas y voluntad de ayudarlos, es otra cosa.
Debemos como seres humanos buscar acomodo para quienes hoy necesitan de nosotros.
México debe y parece entender el mensaje el gobierno, abrir sus fronteras, tender la mano y buscar ayuda ante instancias como la ONU, los gobiernos de Centroamérica y hasta con organismos internacionales.
En estados como Hidalgo, la situación puede ser tanto crítica como humanitaria.
Por un lado, se tienen bases de residencia migrante en donde por años se han asentado personas provenientes de todo el continente.
En lo que va del 2018 y de acuerdo con el Instituto Nacional de Migración, se han asegurado en su paso por Hidalgo a 708 extranjeros principalmente de nacionalidad guatemalteca, hondureña, salvadoreña, colombiana y estadounidense.
Las zonas donde generalmente se les encuentra son la comunidad de Irolo, en Tepeapulco, así como en la región de Tula-Tepeji.
Muchos sin embargo sobreviven en municipios pidiendo dinero en las carreteras, principalmente en el Valle del Mezquital.
No existe a ciencia cierta un plan de atención o prevención para migrantes extranjeros, solo lo que hace el INM y algunas asociaciones.
Nos queda ahora la incógnita de qué haremos con la situación de los migrantes, no podemos ser omisos pero tampoco dejar que las cosas pasen. Lo primero, tendremos que volver a ser seres humanos..
eduardogonzalez.lopez@milenio.com
¿Estamos listos para recibir a los migrantes?
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Eduardo González
Hidalgo /
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