Entre la arena política y el salón de clase

Monterrey /

Me llama mucho la atención los académicos, sociólogos, politólogos, etcétera, que desde las páginas editoriales de los medios y los foros de la TV y la radio externan sus opiniones sobre la vida política del país, porque, debido a que también yo lo soy, sé lo difícil que es mantener la congruencia entre lo que se dice en el salón de clase y lo que se dice en los artículos de opinión, y en los comentarios de los medios electrónicos.

En el salón de clase un verdadero académico dedicado a la investigación y a la enseñanza no busca convencer a sus alumnos, su propósito es enseñar a pensar, formar conciencias problematizadoras ante el mundo de la vida y el de la materia inanimada; no afirma ni niega nada que no sea susceptible de verificación formal o empírica, o ambas.

Cosa muy distinta es la conducta de algunos académicos ante la arena política –lugar en el que se enfrentan las ideologías y los intereses de todo tipo de los poderosos–, ante el cual, si actuamos como lo que somos, nos corresponde ser observadores, si no imparciales, nadie tiene por qué serlo a no ser que cumpla la función de juez, sí necesariamente objetivos y racionales.

Sin embargo, en la vorágine de la real politik se percibe que no pocos académicos, hombres y mujeres, dedicados a editorializar noticias, haciendo a un lado todo lo que dicen en el salón de clases, hacen exactamente lo mismo que los políticos, a saber: mentir, intrigar, calumniar…, en vez de hacer política, a lo que todos tenemos derecho.

Al respecto, una posición en los medios muy socorrida por politólogos y juristas que se oponen al proyecto de reforma electoral impulsado por López Obrador es su propuesta de que los consejeros del INE sean electos por el voto popular; “de aprobarse –se dice, con un dejo de certeza y dogmatismo–, se transformaría una institución técnica en una institución política”.

Con esta aseveración se pretende hacer creer que el INE es un órgano cien por ciento técnico, jamás tocado por la política y ajeno por completo a los intereses políticos, cuando en realidad el acceso al INE como consejero electoral es el resultado de un pacto entre el partido que tiene la mayoría en el Congreso y el partido que representa la primera minoría; siendo el perfil político, no el académico ni mucho menos el meritocrático, lo que determina que una persona sea designada como consejero electoral de dicho organismo.

Ahora bien, que un académico diga que de aprobarse la referida propuesta se transformaría una institución técnica, es decir, el INE, en una institución política, indudablemente con ese dicho se pretende hacer creer que la técnica, definida como un medio para lograr ciertos fines, es algo necesariamente imparcial, lo que es falso.

Me extraña que haya académicos que ignoren que las ideologías, como la humedad, se meten en todos lados; y si éstas penetran la ciencia, cómo no han de penetrar la técnica.

Algo más: Se dice que todas las reformas electorales anteriores fueron para apoyar a la oposición, es decir, para que ésta creciera; y que en cambio, la reforma que impulsa Andrés Manuel es solo para fortalecer a Morena. Falso, todas las reformas impulsadas por el partido que gobierna son, sea cual sea, para tratar de conservarse en el poder, no para apoyar a la oposición.

Cierro este artículo con una parodia: “El conocimiento y el interés se fueron a pasear un día, y pudo más el interés que el conocimiento que tenía”. Triste situación de algunos académicos que no solo olvidan la función que les corresponde como observadores de la arena política, sino también que los lectores también piensan.

Efrén Vázquez Esquivel


  • Efrén Vázquez Esquivel
  • efren23@hotmail.com
  • El autor es director científico de la Academia Mexicana de Metodología Jurídica y Enseñanza del Derecho, AC.
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