Balazos, no abrazos

Ciudad de México /

Cayó El Mencho. Y con él la consigna anterior.

El operativo en el que miembros de la Defensa mataron al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, fue, en su gran mayoría, festejado. Bien.

Pero también reabre la pregunta incómoda: ¿regresamos a la llamada “guerra de Calderón”?

Es decir, ¿a la cooperación estrecha con EU, a los combates de alto impacto, a los grandes decomisos, a las capturas espectaculares, a las presentaciones mediáticas y a las ejecuciones de capos como sucedió hace dos décadas?

¿O estamos en un lugar distinto?

La respuesta la dará la presidenta Sheinbaum en los próximos meses con la definición de sus acciones y su relación con Estados Unidos.

Es crucial, porque México no está mejor que hace 20 años. Está más violento, más infiltrado, más fragmentado.

La dizque estrategia de seguridad de López Obrador —que incluía la repetición propagandística de frases pegajosas como “atacar las causas” y “abrazos, no balazos”— en realidad no desmanteló al crimen organizado.

Al contrario, se expandió, se diversificó, se fortaleció y llegó a puestos clave en los distintos niveles de gobierno.

No solo eso: la situación en el sexenio anterior escaló, fue más allá. Como lo he consignado, morenistas tabasqueños, desde el gobierno local de Adán Augusto, integraron su propia célula, La Barredora, ligada al CJNG de El Mencho, nada más ni nada menos.

Y desde el ámbito federal, militares y civiles participaron en el contrabando de combustible y precursores que permitió robar, financiar, producir, lavar, etcétera.

Es decir, el crimen no solo avanzó: se entrelazó. Así es que, por lo pronto, hay que celebrar que se acabaron los “abrazos, no balazos” de Andrés Manuel. Una pifia letal.

Ahora, si no queremos que el país permanezca en el eterno círculo del horror, la doctora Claudia Sheinbaum, con todo el poder que tiene, debe hacer lo más difícil:

Primero, romper las estructuras que, desde las propias autoridades, sostienen el andamiaje delictivo (las elecciones del próximo año serán cruciales). Segundo, replantear objetivos (ojalá, por fin, implemente una buena política de drogas).

¿Llegó el momento? Veremos.

Aquí entre nos

Es un triunfo para Omar García Harfuch, también, frente a los obradoristas que se aliaron con el cártel que, en el verano de 2020, atentó contra su vida.


  • Elisa Alanís
  • Periodista. Máster en Análisis Político y Medios de Información. Escribo #RazonesyPasiones en @Milenio. Conduzco #ElisaEnMilenio
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