“Las ambiciones personales no deben ser motivo de disputa”, comentó ayer la Presidenta cuando, en la mañanera, pasaron del tema Tatiana Clouthier al de Félix Salgado.
Algunos medios publicaron que fue un señalamiento contra Tatiana. A mí me parece —escuchando completo el planteamiento de la reportera y la respuesta presidencial— que fue, más bien, un “estate quieto” a Félix.
“Ella mencionaba que Morena no había estado a la altura de las circunstancias y pareciera que esto pudiera incluso generar ruido en algunos otros temas. Por ejemplo, en Guerrero, Félix Salgado Macedonio decía que ya había acordado con la dirigente del partido hacer una encuesta espejo…”, indicó la periodista.
Y ahí fue cuando la doctora habló de las ambiciones personales.
Incluso —a diferencia del guerrerense acusado por varias mujeres de violación, abuso y acoso— se expresó muy bien de Clouthier: “Yo tengo la mejor opinión de Tatiana… de verdad la tengo en la mejor consideración”.
Al no verse favorecida por la famosa encuesta, Tatiana formó “Todos con Conciencia” y se lanzó contra la abanderada en Nuevo León, Clara Luz Flores. Pero, en todo momento enfatizó su apoyo a Sheinbaum Pardo.
Salgado, en cambio, a pesar de que le advirtieron que no podía ser el próximo candidato, por aquello del nepotismo —su hija Evelyn es actual mandataria estatal— y de que la propia Ariadna Montiel se tomó la foto y hasta le aplaudió en sus recorridos de “asambleas informativas”, él presionó e insistió en que está “muy arriba”, incluso más que la ganadora Beatriz Mojica.
Y propuso dar a conocer su sondeo.
Total: no hay como el sistema presidencialista mexicano para observar a los perdedores pataleando contra el movimiento, pero jamás contra la máxima figura.
Guerrero, entre muchas entidades de la República, está bajo el acecho del crimen organizado y en la mira de Palacio Nacional.
¿Félix Salgado bajará la intensidad? ¿Y, de paso, Abelina?
Aquí entre nos
Ignacio Mier no quiso responder si la UIF investiga a Jorge Amílcar Olán, amigo de Andrés Manuel, Andy, López Beltrán.
¿Y a Mario Mabarak Paniagua?