Son muchas las tragedias que se cuentan debido a las atrocidades que comete la delincuencia organizada.
El dolor y la destrucción que deja a su paso es directamente proporcional a la colusión y corrupción de servidores públicos. No hay otra manera de entender su crecimiento, diversificación y dominio en amplísimas regiones.
El rastro del horror queda plasmado en el lodo que escarban las madres buscadoras. Esas son las cicatrices más devastadoras y siniestras.
Y de ahí en adelante, pues no solo se trata del tráfico de drogas hacia Estados Unidos.
En México se comete tortura, desaparición forzada, reclutamiento y exterminio en campos de entrenamiento. Además, contrabando, producción, lavado, trata, control de la agricultura y ganadería, “huachicoles” en sus distintas modalidades, etcétera.
Mis compañeros de Milenio hicieron un excelente trabajo que devela otra de las huellas profundas que imprimen los cárteles. Esa cuyas consecuencias aún no son vistas ni consideradas, mucho menos atendidas o contabilizadas.
Amílcar Salazar recabó muestras de tierra de dos laboratorios clandestinos, uno en Sinaloa y otro en Durango. Las sometió a pruebas en laboratorios especializados. Entrevistó a expertos. Solicitó información a autoridades.
Los hallazgos son más que preocupantes.
“Las muestras de suelo revelaron la presencia de efedrina, piperidina, fenilamina, ftalatos, acetilos, nitratos y niveles anómalos de carbono orgánico total… no se degradan fácilmente y pueden filtrarse hacia cuerpos de agua”.
La contaminación del suelo, donde los grupos delictivos se instalan para fabricar metanfetaminas, es prácticamente irreparable si no cuenta con un sistema de remediación ambiental.
El reportaje consigna tipos de afectaciones, testimonios de científicos y peligros que enfrentan los habitantes de estas zonas. Presenta datos, análisis, contextos, mapas y puntos de destrucción que forman corredores en toda la República.
“El bosque es también escenario de esta guerra contra el narco. Una víctima que no grita, pero se marchita por los desechos que deja la fabricación de toneladas de cristal”, se relata en el reportaje.
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Aquí entre nos
La masacre del fin de semana ocurrió durante un partido de fútbol en Salamanca, Guanajuato.
Los daños se acumulan, mientras los límites entre criminales y funcionarios se diluyen.