Apareció otro obradorista que, dicen, ya era billetudo: Octavio Romero Oropeza. Y también pertenece al dichoso eje Tabasco-Chiapas. Aseguró que su fortuna se debe a su esfuerzo de años como maestro, distribuidor de refrescos, empleado de banco y burócrata.
Estos funcionarios —que se proclaman de izquierda y víctimas del golpeteo de la derecha— tienen tan buena y vasta fortuna que, según explican, son beneficiarios de herencias, donaciones o del dinero obtenido gracias a su arduo trabajo en el sector privado, aunque llevan décadas viviendo de nuestros impuestos.
Suertudotes.
Total, que algunos de los más cercanos a López Obrador salieron machuchones agraciados del neoliberalismo y, después, de la repartición de puestos públicos.
Cuando AMLO ganó la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Romero Oropeza se convirtió en el responsable de la administración de recursos y compras gubernamentales. Era el oficial mayor. Después, ya en el sexenio presidencial de Andrés Manuel, fue director de Pemex.
Actualmente, con Claudia Sheinbaum, es titular del Infonavit. Ahora no transparentó su declaración patrimonial y lo cacharon. Alegó que la norma lo permite.
“Se metieron a revisar mi patrimonio”, comentó sobre la investigación periodística que lo exhibió. “No todos somos iguales. Corruptos son ellos”, indicó ayer desde Palacio Nacional.
Mencionó poseer un “predio rústico”, un rancho, en Tabasco. Uno de los terrenos, dijo, lo adquirió en 1984. Otros terrenos —en plural y en hectáreas—, en 1992. La casa de Tlalpan la compró hace 25 años con un crédito Banamex. Y un par de departamentos los firmó en contrato de compraventa en 2018.
Total: lo que Octavio Romero reportó —por lo pronto, abierta y públicamente— es un patrimonio compuesto por inmuebles, propiedades, otros bienes y efectivo de decenas de millones de pesos.
Nada mal para la austeridad republicana y justa medianía, ¿no?
Aquí entre nos
A la riqueza de integrantes de la 4T hay que agregar los registros de desfalcos. Entre ellos, el mayor saqueo operado desde las secretarías del Ejecutivo federal: el llamado huachicol fiscal. En donde aparece señalado, por cierto, el Pemex que dirigió Romero Oropeza.