La escalera de Cauduro

  • 4ta de Humboldt
  • Elliot Ruiz

Hidalgo /
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Expedientes abandonados, represión, procesos viciados, torturas, violaciones a los derechos más elementales, cárceles saturadas de inocentes, una sociedad que se tapa los ojos, la Temis dormida, la balanza de la justicia inclinada por el dinero… En fin, la justicia de los hombres. Estas son algunas de las realidades de la justicia mexicana que artistas como José Clemente Orozco, Rafael Cauduro y el maestro Nishizawa han inmortalizado en los muros y las escalinatas del edificio sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Las paredes del máximo tribunal constituyen una confesión, un recordatorio y también una condena.

Cauduro, el más crudo de los muralistas, tituló su obra La historia de la justicia en México, y Estefanía, nuestra guía de visitas, advierte con elocuencia: “Los ministros suben estas escaleras todos los días”.

Ya en el Pleno, es fácil distinguir a quién le pesa esa historia maldita y a quién no. Antes de presentar su proyecto, el ministro Arístides se toma el tiempo para explicar el contexto a las visitas. A todos nos queda claro que hay que revocar la sentencia, menos a las ministras Lenia Batres y María Estela Ríos. Para ellas, las cuestiones meramente procedimentales no constituyen una “afectación real” a los derechos del sentenciado. María Estela argumenta. Lenia prefiere no gastar saliva. Esa batalla la da por perdida, casi como la presidencia. Estoy casi seguro de que ambas ministras usan siempre el elevador, con tal de evitar la escalera de Cauduro. El amparo directo en revisión 2407/2016 es solo un ejemplo.

No estaría mal que la Secretaría General de la Presidencia organizara una visita guiada a todos los ministros, para que dejen de mirar hacia Palacio Nacional, como lo hace la Temis de Nishizawa, mientras redactan sus proyectos. Bastaría con unos minutos frente a la cárcel de Cauduro para que los ministros hicieran algo, ¡lo que sea!, por los miles de mexicanos que llevan años en prisión y sin sentencia.

Me queda la impresión de que la mayoría de los ministros —hayan llegado como hayan llegado— están conscientes de la deuda histórica que tiene la justicia para con los mexicanos y saben lo que tienen que hacer. La política los tiene atados, pero pueden liberarse. Quien no demuestre autonomía en su función quedará más solo que Manuel Crescencio Rejón, creador del Juicio de Amparo, en el lobby de la Corte.

Reconozco que la Reforma Judicial de 2024 abrió esas pesadas puertas de bronce a la ciudadanía. Pero no basta visitas guiadas; hace falta escuchar todas las voces, ¡a todas! Mientras tanto, amigos lectores, les recomiendo no saltarse la oportunidad de visitar la Suprema Corte de Justicia de la Nación.


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