“Si yo hubiera tenido parque…”

  • 4ta de Humboldt
  • Elliot Ruiz

Hidalgo /

El 15 de septiembre de 1847, la bandera de las barras y las estrellas ondeó en Palacio Nacional. Los mexicanos sentimos una “vergüenza y (un) dolor inolvidables”, según describió Justo Sierra. En aquellos días, verdaderos patriotas (tanto ricos como pobres) salieron en defensa de la soberanía nacional. El más valiente de todos fue el general Pedro María Anaya, aquel que, con la cara quemada, expresara tan célebres palabras: “Si yo hubiera tenido parque, ustedes no estarían aquí”.

Los americanos querían saber en dónde guardábamos las armas. “¿Cuáles armas?”, ironizó Anaya. Miles de mexicanos dispuestos a luchar, pero con tan pocas armas… y las que tenían, ¡no servían! “No había con qué batirse, ni un plan, ni una cabeza; Santa Anna cambiaba de disposiciones a cada instante”, prosigue el “Maestro de América”. El Estado mexicano dejó a su suerte a los alumnos del Colegio Militar y luego los llamó “Niños Héroes”.

Cuando hoy, ante la crisis diplomática que vive México frente a Estados Unidos (otra vez), la presidenta Claudia Sheinbaum apela al Himno Nacional (“un soldado en cada hijo te dio”), yo me pregunto: “¿con qué armas?” Y no me refiero a las que sirven para quitarle la vida a otro ser humano, sino a aquellas con las que verdaderamente se defiende la soberanía: independencia económica y Estado de Derecho, dos armas que nunca hemos tenido. Paradójicamente, cada 15 de septiembre celebramos nuestra independencia, aunque independientes nunca hemos sido.

Le seguimos dando pretextos a los americanos para que asalten nuestro territorio. López Obrador prometió que alcanzaríamos la autosuficiencia alimentaria antes de finalizar su sexenio; no sucedió. Prometió respetar a la autonomía del Poder Judicial; no cumplió. Juró que se había acabado con la corrupción. Mintió. ¿Hay acaso algún patriota dispuesto a dar la vida a cambio de la libertad de Rocha Moya? ¿Hay acaso algún patriota dispuesto a poner en riesgo la relación comercial con Estados Unidos con tal de salvar a la Cuarta Transformación? ¿Se justifica la ordeña de la nación —a través de la “novedosa” maquinaria del huachicol fiscal— con tal de garantizar la continuidad del proyecto de nación? Nos hace falta independencia económica en una mano y Estado de Derecho en la otra para agarrarnos a madrazos con Trump. Ni siquiera tenemos autoridad moral.

Ahora que inevitablemente nos acordamos de Santa Anna, hay que decir que ese señor hizo de su voluntad ley, que gobernó sin contrapesos, que acrecentó el gasto público, que militarizó al país, que intentó perpetuarse en el poder, y para lograrlo sacrificó la libertad y la justicia. En otras palabras, desarmó al país ante la invasión extranjera, y al final, se vio obligado que vender a México. ¿Cuál será el precio que México tendrá que pagar para garantizar la impunidad de los morenistas?

La bandera de los Estados Unidos ondea sobre Palacio Nacional desde hace muchos años. Aunque muchos quisiéramos arrancarla de una vez por todas, permanecemos inmóviles, aunque estoicos, frente al invasor —tal como el General Anaya— y decimos: “Si yo hubiera tenido parque, ustedes no estarían aquí”.


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