Una noche en Urgencias del ISSSTE

  • 4ta de Humboldt
  • Elliot Ruiz

Hidalgo /
Únete al canal de Milenio

A continuación, nada que no haya leído, escuchado o visto antes. Solo un relato más de lo que se vive todos los días en los hospitales públicos de México. Resulta que mi querida abuela Mirella fue a dar a Urgencias del Hospital General del ISSSTE Dra. Columba Rivera Osorio, en Pachuca. Doce días de martirio. A mí, una sola noche me bastó para querer largarme.

El primer día, hernia discal. El segundo, bronquitis. El tercero, insuficiencia cardiaca crónica. El cuarto, ¡que no tenía cerebro! El quinto, trombosis. Un nuevo diagnóstico cada día. Durante mi turno, gastroenteritis. “¡Pónganse de acuerdo!”, le pedí al doctor. “No tengo que ponerme de acuerdo con nadie”, confesó. En efecto, los turnos no se hablan entre sí. Eso explica por qué perdieron dos veces la muestra de orina.

A medianoche me mandaron llamar. Mi abuela había mojado la cama. Aguantó lo más que pudo, pero no hubo a quién pedirle el cómodo. Avergonzada, pidió que su nieto no participara en el cambio de sábanas. No hubo cambio de sábanas. No había sábanas. Menos cobijas. “No nos han mandado”, justificó la enfermera que me permitió quedarme junto a ella. Todos en el cuarto de los viejitos corrieron con la misma suerte.

El hedor a orines y excremento, las pieles desnudas y arrugadas, las paredes rotas y los amargos gritos de una vecina de cama: “¡Me duelen los pulmones! ¡Me duele todo…!”, daban forma al manicomio. Otra paciente se arrancó el catéter y empezó a sangrar. Toqué la puerta de la oficina. Las voces al interior me ignoraban. Toqué una segunda vez y una tercera. “¿Hay una enfermera por ahí?”, pregunté. “¿Para qué la necesita?”, me respondieron. El personal médico se escondía en la oscuridad del cuarto de doctores. Los cómodos eran ellos.

En Urgencias del ISSSTE les gusta coleccionar viejitos moribundos. Ni los atienden ni los dejan ir. Ahí los tienen, esperando a que alguno muera para que ceda su lugar a algún otro desafortunado derechohabiente. Lamentablemente, su pensión del adulto mayor no les alcanza para otro tipo de atención. No fue sino hasta que comencé a documentar el caso que la movieron a piso, le mejoraron las condiciones, le dieron un trato digno y le realizaron los estudios que debieron haberle hecho desde el primer día, cuando la regresaron a casa porque, según ellos, no tenía nada.

Así funcionan las cosas en nuestro país, desde la salud hasta la justicia. Nada se mueve hasta que alguien teme perder su trabajo. Me compadezco de los daneses. Si este es el trato que merecen los trabajadores al servicio del Estado, ¿qué será de aquellos mexicanos que carecen de seguridad social? ¿No hay recursos? ¿Y si lo que se gastan nuestros ilustres funcionarios en “informes” —campaña anticipada— lo destinamos al sector salud?


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite