Cupido en crisis

  • Punto de Inflexión
  • Enrique Martínez y Morales

Laguna /

Cada 14 de febrero celebramos el amor como si fuera un impulso espontáneo. Sin embargo, el matrimonio, su expresión social más duradera, no nació del romanticismo moderno. 

Durante siglos ha sido una institución que ordena la vida en común, protege a los hijos, da certeza jurídica al patrimonio y fortalece la comunidad. Más allá de la emoción, ha sido un pilar básico de estabilidad.

Hoy ese pilar muestra señales de desgaste. 

En distintas regiones del país, especialmente en el norte, los matrimonios han disminuido de forma sostenida. Influyen cambios culturales que privilegian la autonomía individual, incertidumbre económica que posterga proyectos de largo plazo, nuevas formas de convivencia sin formalización legal y una creciente desconfianza en la permanencia de los vínculos. 

Cada vez más jóvenes dudan de que el matrimonio sea necesario para construir una vida plena.

En paralelo, los divorcios han aumentado. En Coahuila, por ejemplo, se registra aproximadamente un divorcio por cada dos enlaces nupciales celebrados. 

Detrás de la cifra hay historias personales complejas, pero también efectos colectivos. 

Más divorcios suelen traducirse en entornos familiares fragmentados. Menos matrimonios implican menos nacimientos y aceleran el envejecimiento poblacional, con impactos futuros en pensiones, salud y productividad.

Las consecuencias alcanzan también lo económico. La disminución de bodas afecta a salones, hoteles, banquetes, fotografía, viajes y vivienda. 

Sectores que generaban empleo y derrama enfrentan ahora un horizonte más incierto. Incluso en el ámbito jurídico, la falta de vínculos formales complica sucesiones y esquemas de protección compartida.

Hablar de esta realidad no es nostalgia, es responsabilidad. El matrimonio no se sostiene solo con emoción, sino con decisiones cotidianas de cuidado y compromiso. 

Tal vez el desafío de nuestro tiempo no sea encontrar el amor, sino aprender a permanecer en él.

En este 14 de febrero, conviene recordar que Cupido no vive de las flechas fugaces, sino de los lazos que se eligen todos los días. 

Porque al final, las sociedades también se sostienen con promesas cumplidas. Y pocas promesas son tan poderosas como la de caminar juntos.


emym@enriquemartinez.org.mx

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