Detrás del listón rosa

  • Punto de Inflexión
  • Enrique Martínez y Morales

Laguna /
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Octubre se pinta de rosa. Edificios iluminados, campañas de concientización y miles de personas portando un listón se suman a la lucha contra el cáncer de mama. 

Pero detrás de cada listón hay algo más importante que un símbolo: una vida, una familia y una historia que merece continuar.

El cáncer de mama es un gran desafío de salud pública. Según el INEGI, en México fallecen alrededor de 8,500 personas por esta enfermedad al año. 

Son más de 23 vidas perdidas cada día, casi una cada hora. Una cifra que debe conmovernos y movilizarnos.

Detrás de cada número hay un rostro: una mujer con sueños, proyectos y una familia que la esperaba en casa.

Aunque afecta principalmente a las mujeres, el cáncer de mama no es un asunto exclusivamente femenino. Es un problema que debemos enfrentar como sociedad.

Pocas cosas son tan tristes como despedirnos de nuestra madre, esposa, hija o hermana por una enfermedad que, detectada a tiempo, pudo haberse tratado con mayores posibilidades de éxito.

La ciencia ha avanzado. Un diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado pueden salvar vidas. Sin embargo, persisten obstáculos que impiden a muchas mujeres recibir atención a tiempo.

Uno es el miedo: al diagnóstico, al tratamiento, a que la vida cambie de pronto. 

Pero también debemos vencer los prejuicios y la vergüenza. Hay mujeres que evitan hablar de sus senos o acudir a una revisión por pena o por temor.

Tenemos que romper esos silencios. Hablar del cáncer de mama con naturalidad, sin tabúes, también es combatirlo.

Los hombres tenemos una responsabilidad. Como esposos, hijos, padres y hermanos debemos escuchar, acompañar y promover la prevención. 

No basta con pedirles a las mujeres que se cuiden: debemos ayudar a crear las condiciones para que puedan hacerlo.

El 19 de octubre conmemoramos el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. 

Que no se reduzca a una fotografía, una campaña o un listón en la solapa. Que nos impulse a hablar del tema en casa, a promover las revisiones médicas y a acompañar a quienes enfrentan la enfermedad.

Que el rosa no sea solamente el color de octubre. Que sea, todo el año, el color de nuestro compromiso con nuestras mujeres y con la vida.

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