La fábrica de Norteamérica

  • Punto de Inflexión
  • Enrique Martínez y Morales

Laguna /

Hace unos días leía dos textos aparentemente contradictorios. Uno sostenía que el libre comercio en Norteamérica ha llegado a su fin debido a los nuevos aranceles impulsados por Estados Unidos. 

El otro mostraba que la inversión extranjera directa sigue llegando a México, gracias al impulso que dan estados como Coahuila, y que nuestras exportaciones al mercado estadounidense siguen creciendo.

A primera vista, ambas cosas parecen incompatibles. Si el libre comercio está muriendo, ¿por qué las exportaciones no se reducen?

La respuesta está en entender que una cosa es el libre comercio y otra muy distinta la integración económica. 

Durante más de treinta años, México, Estados Unidos y Canadá construyeron algo mucho más profundo que un tratado comercial: construyeron una enorme fábrica regional.

Una fábrica sin paredes y sin una sola ubicación geográfica.

Tomemos como ejemplo un automóvil. 

El acero puede venir de Canadá. El diseño y parte de la ingeniería realizarse en Estados Unidos. 

Los arneses, componentes electrónicos y múltiples procesos de manufactura producirse en México. 

Durante su fabricación, algunas piezas cruzan varias veces las fronteras antes de convertirse en un vehículo terminado, de tal suerte que lo que compramos en una agencia ya no es un producto estadounidense, mexicano o canadiense. Es un producto norteamericano.

Esa es la razón por la que, aun con más aranceles, tensiones políticas y restricciones comerciales, las empresas siguen invirtiendo y las exportaciones fluyendo. 

Desmantelar cadenas de suministro construidas durante décadas resulta extraordinariamente costoso. Las fábricas pueden mudarse. Las cadenas productivas completas no.

Quizá el libre comercio como ideal quedó atrás. Tal vez estamos entrando en una etapa donde los gobiernos intervienen más y donde la seguridad económica pesa tanto como la eficiencia. Pero la integración productiva permanece.

La vieja autopista comercial quizá tenga ahora más casetas, revisiones y límites de velocidad. Pero la circulación continúa. 

Después de tres décadas construyendo el futuro juntos, México, Estados Unidos y Canadá ya no somos solamente socios comerciales. 

Somos partes distintas de una misma fábrica.

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