Leer en tiempos como estos

  • Punto de Inflexión
  • Enrique Martínez y Morales

Laguna /

El fin de semana pasado concluyó la Feria Internacional del Libro Coahuila, consolidándose como una de las más importantes del país. Pasillos llenos, autores, presentaciones, libros por todas partes. 

Y, sin embargo, una pregunta inevitable flota en el aire: ¿realmente estamos leyendo más o solo estamos rodeados de más libros?

Hace unos días leía un dato inquietante retomado por Sergio Sarmiento. 

En España, donde se lee más que en México, casi el 50 por ciento de los libros exhibidos en librerías no vende un solo ejemplar en su primer año. 

Dos terceras partes no superan uno. Apenas el 5 por ciento rebasa los 100. Es decir, cada vez hay más libros y menos lectores.

La tendencia es global. Cada año se publican cerca de cuatro millones de nuevos títulos. 

En México, en 2024, se produjeron más de 20 mil títulos y se vendieron 79 millones de ejemplares: menos de un libro por habitante. Y aun así, el INEGI señala que la mayoría de quienes dicen leer no pasa de tres libros al año.

La paradoja no es menor. Como advirtió Gabriel Zaid, los libros crecen en proporción geométrica, pero los lectores en proporción aritmética. El resultado es un mundo donde escribir se ha vuelto más común que leer.

Vivimos en una época donde todo compite por nuestra atención: notificaciones, videos breves, pantallas encendidas. En ese entorno, la lectura exige algo cada vez más escaso: tiempo, silencio y profundidad.

Leer no es solo pasar páginas. Es detener el mundo un momento. Es sostener una idea hasta comprenderla.

Por eso los libros siguen siendo insustituibles. Ningún formato rápido reemplaza la paciencia de una buena historia ni la arquitectura de un pensamiento bien construido.

Quizá por eso el desafío no es publicar más, sino formar más lectores. No se trata de llenar estantes, sino de encender curiosidades.

Un libro en casa es apenas un objeto. Pero cuando se abre, con tiempo, curiosidad y silencio, deja de ser papel y tinta para convertirse en un puente. 

Un puente hacia otras vidas, otros siglos, otras ideas, otras posibilidades.

En tiempos como estos, leer no es un lujo. Es una necesidad. Una sociedad que lee, es una sociedad que piensa y una sociedad que piensa, siempre tiene futuro.

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