El Estado contra la cultura

  • Verdad amarga
  • Enrique Sada Sandoval

Laguna /
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Los comentarios realizados por la senadora Jesusa Rodríguez—que olvidó cuantos años vivió de becas del erario público sin hacer ni producir nada de valor que lo desquitara—aunado a las típicas ocurrencias del presidente—las únicas mañaneras penitentes y nada gozosas—y los artículos goebblianos de quien cobra desde Notimex y ahora fustiga, como si tuviera autoridad moral, a sus compañeros de gremio (con tal de halagar a su jefe) vinieron a calar muy hondo, finalmente, en quienes se autodenominan intelectuales, artistas y creadores.

Esta reacción, laudable hasta cierto punto, vino por desgracia a ocurrir a destiempo y una vez que el Leviatán, desde Palacio Nacional, necesitó inventárselos como nuevos enemigos imaginarios para justificar los compromisos adquiridos (forzosos) ante el presidente Donald Trump y (gustosos) ante los criminales de la ONU y el Foro de Sao Paulo: 

quitando presupuesto a hospitales, estancias infantiles, médicos, ciencia, investigación, tecnología, deporte, seguridad interior, al campo y a la cultura, para poder entregárselos a la República del Salvador y a todas las naciones centroamericanas que promueven la migración forzosa y el tráfico inhumano de personas hacia los Estados Unidos.

Para los salvadoreños, hondureños, beliceños, guatemaltecos y nicaragüenses, todo; para los mexicanos y la clase trabajadora, nada.

Así pareciera resumirse la política interior y exterior del gobierno; algo que se veía venir desde hace más de un año pero que quienes presumían de intelectuales y creadores fueron incapaces de reconocer—y si lo hicieron poco les importó—pues con su voto llegaron a pavonearse de elegir a quien, no contento con no saber tomar las riendas del timonel en la nave del Estado, ahora los usa como chivos expiatorios; exhibiéndolos como si fueran vividores o privilegiados y convirtiéndolos en nuevos enemigos; mismos que denostados públicamente vendrán a engrosar las filas del imaginario oficial bajo el sambenito maniqueo de “conservadores”, “fifís”, “neofascistas” y “prianistas”: junto a más de 100 millones de mexicanos que, al no identificarse con el actual estilo personal de desgobernar, están despertando apenas para dejar de ser una mayoría silenciosa e inerme.

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