Lo que no se quedó en Las Vegas

  • Verdad amarga
  • Enrique Sada Sandoval

Ciudad de México /

Lo que pasó en Las Vegas la semana pasada no se quedó en Las Vegas, donde más de 60 personas muertas y al menos 500 heridas fue el saldo de la masacre del Route 91 Harvest Festival que congregó a 25,000 personas como potenciales víctimas de Stephen Paddock; un fanático demócrata pro Hillary Clinton—de esos que pugnaban por el control de armas en Estados Unidos—e identificado plenamente como Antifa o “antifascista”—que, como hemos dicho antes, es el nuevo mote con el que se autonombran los nuevos fascistas en el siglo XXI—entre los militantes de lo “políticamente correcto”.

El objetivo del criminal, muy lejos del estereotipo hipertrofiado por la mafia que constituyen los medios de comunicación norteamericanos (burgués jubilado, millonario y convertido al islam según parece, en vez del típico neo-nazi hollywoodense) era simple y llanamente el arrasar con el mayor número de víctimas posible bajo cierto corte racista y prejuiciado que, por el solo gusto por la música Country, él identificaba como “blancos, sajones, republicanos y conservadores” según las notas y mensajes que dejó antes de subir al piso 32 de un edificio contiguo para disparar con ametralladoras sobre hombres, mujeres y niños.

No cabe duda que el crimen fue motivado por ese ambiente polarizado anti Trump y anti conservador que los medios estadounidenses, como promotores del marxismo cultural, han cultivado desde la derrota de su candidata, sembrando histeria y sesgo informativo. Y lo anterior se palpa de manera ofensiva y burda, puesto que en esta ocasión no hubo hashtags de #PrayForLasVegas por parte de las élites, como si los hubo—por ejemplo—durante el tiroteo del bar gay en Orlando.

Y aunque la tragedia no dejará de ser usada sin pudor como argumento para insistir en la imposición de leyes de control de armas en aquél país, tampoco garantiza que hechos como este no se repitan, pues la adopción de estas medidas solo desarmará y castigará a los ciudadanos respetuosos de la Ley, más no a los criminales violentos que seguirían armándose por cualquier otra vía.

Por desgracia en este caso, lo que aconteció en Las Vegas no fue una advertencia sobre el porvenir sino una dolorosa lección para el presente: donde para los medios globalistas y la tiranía maniquea de lo “políticamente correcto” seguirá habiendo “víctimas de primera” y “víctimas de quinta”.


enrique.sada@hotmail.com

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