Uno, la hegemonía territorial de Morena. Si Morena conquista al menos tres de las seis gubernaturas será el partido con más gubernaturas desde el 2000. El partido de López Obrador superaría las 20 sillas estatales y gobernaría a dos de cada tres mexicanos. En 2023, Morena podría hacerse del Estado de México, el mayor presupuesto del país (322 mil millones de pesos) y el mayor padrón electoral (13 millones). Morena nació del Centro a los estados, pero ahora controlaría la mayor estructura política desde la alternancia.
Dos, está en juego la eficacia de la alianza en las entidades federativas. A nivel parlamentario, en elecciones federales, la alianza logró su objetivo: arrebatarle la mayoría constitucional a Morena y sus aliados. Sin embargo, en los estados la alianza Va por México no ha logrado frenar el crecimiento de Morena. La única sorpresa que podrían dar es Durango. Está claro que Va por México tiene sentido como fórmula para detener a López Obrador, pero el elector en los estados no está premiando la coalición.
Tres, jaque mate a Alejandro Moreno como dirigente del PRI. Moreno, un impresentable, debió haber dimitido el mismo día en que se conocieron sus audios. No lo hizo porque en este país todos los políticos se aferran a las sillas (salvo honrosas excepciones). Una derrota contundente del priismo en bastiones como Hidalgo o Oaxaca reabrirían el debate ya no sobre la integridad de Moreno -que ni siquiera sabría deletrear la palabra-, sino acerca de sus resultados como presidente del PRI. Una rebelión interna. Solamente su oposición a la reforma eléctrica ha sido honrosa, el resto de las citas electorales han supuesto retrocesos para el PRI.
Cuatro, la incógnita del PAN. Marko Cortés -líder nacional del PAN- cometió sincericidio hace unos meses vaticinando que los blanquiazules sólo estaban en condiciones de pelear Aguascalientes. Cortés no pasará a la historia como un dirigente brillante del PAN, pero sin duda habremos de reconocer que no falló en sus pronósticos. El PAN es fuerza residual en Oaxaca y seguramente perderá el gobierno de Tamaulipas. Se aferra a Aguascalientes y aceleradamente se convierte en un partido del Bajío mexicano.
Cinco, qué efectividad tuvo la apuesta de Movimiento Ciudadano por ser el partido no alineado a ningún polo. El año pasado, MC logró en solitario casi duplicar sus votos. Será interesante ver si algún candidato logra doble dígito, particularmente en estados como Durango, Quintana Roo o Aguascalientes. MC se embarcó en la estrategia de crecimiento de la marca, aunque eso suponga seguir lejos del poder institucional en distintos estados del país.
Seis, la movilización electoral en una jornada que augura una amplia victoria del abstencionismo. El presidente sabe que la desmovilización juega en contra de sus intereses. Los seis son estados con gobiernos de oposición y, por ello, la estructura es definitiva en contextos de baja votación. Morena podría llevarse incluso Durango con una copiosa participación.
Siete, la batalla por la reforma electoral y la defensa del Instituto Nacional Electoral (INE). Después del domingo, Morena seguirá con su retórica contra el árbitro electoral. No importa que el INE organice impecablemente los comicios. La diatriba será la misma: destruir al INE. El cálculo del Gobierno es que el debilitamiento del liderazgo de “Alito” podría abrir la puerta a la reforma. No lo creo, pero el Gobierno lo intentará.
Ocho, las fortalezas de las coaliciones. Compiten dos coaliciones enfrentadas: Morena + Partido del Trabajo + Partido Verde y la alianza PAN + PRI + PRD. En el primer caso, el PT solía ser fuerte en Durango y el Verde en Quintana Roo. Considero que la alianza de estos tres partidos es indestructible de cara al 2024, pero los equilibrios en la negociación sí se juegan en estos dos próximos años. En el lado de la oposición, será interesante ver cuánto vale el PRD. El año pasado tuvo su peor resultado federal con 12 diputados y ya no gobierna en ningún Estado. El PRD después de 2024 o desaparece o se convierte en una corriente interna del PAN.
Nueve, la violencia y el debate sobre el narco en las elecciones. En 2021, la oposición se quejó de una operación del crimen para apoyar a Morena. No ha sido, ésta, una campaña especialmente violenta si la comparamos con el año pasado. La incógnita es si habrá o no violencia el domingo y si el presidente felicitará a los delincuentes por “portarse bien”.
Décima y última, los cálculos internos de cara a la sucesión. Cómo quedan Ebrard, Sheinbaum y Adán Augusto. Cómo quedan sus aliados y qué apoyo tuvo más contundencia en el resultado. De la misma forma, un mal resultado de la oposición fortalecería la idea de una candidatura externa para poder pelear con Morena en 2024.
Bueno, se juegan muchas cosas para ser elecciones locales.
Enrique Toussaint