¿Austeridad y poder al pueblo? No, lo que quieren es perpetuarse

Jalisco /

Hay pocas leyes vivas en la Ciencia Política. Estudiar el poder supone navegar en mares que son inestables y que, en muchas ocasiones, no nos permiten trazar rumbos claros. No obstante, todo estudiante universitario sabe que una de esas pocas leyes es la que acuñó el politólogo y jurista francés Maurice Duverger. La tesis es simple: los sistemas electorales que privilegian la dimensión mayoritaria tienden al bipartidismo (como Reino Unido o Estados Unidos), mientras que los sistemas que privilegian la proporcionalidad se orientan al multipartidismo (Alemania, España, Canadá o México). Algunos resultados electorales contemporáneos parecen rivalizar con las premisas de Duverger, pero el fondo de su análisis se mantiene intocado.

México tiene un sistema electoral más representativo que mayoritario. Tres quintas partes de la Cámara de Diputados se integra por proporcionalidad, mientras que en ciertas entidades federativas dicha dimensión alcanza incluso el 70%. La razón se encuentra en nuestra historia: la representación proporcional fue el mejor mecanismo que encontró el PRIATO y las oposiciones para acomodar a las minorías que comenzaban a exigir espacios de poder. Las reformas electorales que se sucedieron en México desde 1963, siempre apostaron por la inclusión y la diversidad, en mucha mayor medida que el famoso “winner takes all” (el ganador gana todo) del modelo anglosajón.

Sin embargo, desde 2018, a Morena le molesta este modelo. Es paradójico, al partido en el poder, que ha ganado la Presidencia en dos ocasiones y gobierna la mayoría de los estados, le molestan las reglas electorales que han certificado sus triunfos. Es como si un equipo de futbol que gana cinco a cero, se quejara que las reglas del partido son injustas. Hay actitudes políticas que sólo vemos en México y ameritaría una buena charla con Freud. Es el surrealismo de nuestra vida política.

Y es que el fondo es otro: lo que Morena quiere es no perder nunca el poder. Es decir, modelar un sistema que garantice el poder a Morena incluso cuando la mayoría del país quiera cambio. Alterar las reglas para mantenerse en el poder son las tácticas más básicas que han utilizado sistemas autoritarios como el salvadoreño, el nicaragüense, el húngaro o el ruso. El discurso oficial se finca en conceptos benevolentes como la austeridad o el poder para el pueblo, cuando las verdaderas intenciones son la destrucción de los contrapesos y la disolución de la mera posibilidad de alternar el poder.

El cambio en el método de elección de los plurinominales es una simulación en toda regla. Premiar a los segundos con cargos plurinominales no restará poder a las cúpulas de los partidos –porque ellos saben donde son competitivos– y sí fortalecerá a Morena frente al Verde y al PT. Parte de esta reforma tiene que ver con la voluntad de Sheinbaum de tener las manos libres y quitarles a sus satélites herramientas de chantaje político. Y las listas abiertas solamente cronificarán la política de los acordeones que tanto gustó a Morena en la elección judicial. El razonamiento es el mismo que en la elección judicial: le “damos al pueblo el voto”, pero siempre orientado por nuestros acordeones y la movilización del partido más robusto a nivel nacional.

El anhelo de concentrar el poder también extiende sus tentáculos a la política local. La reducción de cabildos por decreto es una intervención ilegítima del poder central en las reglas básicas del federalismo. México es una república federal, aunque eso no guste en Morena. Los estados son soberanos para tomar decisiones sobre su régimen político. Golpear a los órganos electorales locales y a la gobernabilidad municipal es otra señal de las ganas que tiene Morena de controlar cada espacio de poder de este país. El ahorro es nimio, no es relevante. Y menos en un país donde se tira el dinero en obras mal hechas, en megaproyectos inconclusos y que tiene tasas de crecimiento paupérrimas.

Creo que tumbar la reforma electoral no es suficiente. La oposición debe salir del “no” perpetuo y entrar en la lógica de la proposición. Por eso, celebro la reforma propuesta por los exconsejeros del INE. México necesita oposición, pero sobre todo alternativas políticas. Necesita detener reformas que buscan concentrar el poder, pero también propuestas que abran horizontes plurales y democráticos. La reforma electoral es un eslabón más del proyecto autoritario de Morena. Oponerse no basta. La democracia es una militancia y cualquier demócrata debe estar en contra de leyes que empoderen más y refuercen la hegemonía de un solo partido. México nunca fue sólo el PRI y hoy no es sólo Morena.


  • Enrique Toussaint
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