El cambio de género es un asunto serio

Jalisco /

La ciencia es una de las grandes damnificadas de las olas populistas en el mundo. No importa si se asumen de izquierda o de derecha, pero los proyectos populistas consideran que la ciencia debe estar por debajo de la voluntad del pueblo o de una ideología de transformación. Lo vemos en Estados Unidos con el movimiento antivacunas ahora amparado desde el poder por Donald Trump.

En México, la ciencia también atraviesa por horas bajas. Andrés Manuel López Obrador libró una dura batalla contra ella. La pandemia es, tal vez, el punto más álgido de su cruzada contra el saber científico. Detrás de su embate no sólo hay una pugna contra el establishment científico, sino también una apuesta por diluir las paredes que separan la verdad de la mentira. No hay verdad, sino opiniones. No hay datos, sino “otros datos” o “mis datos”.

Las batallas culturales están atravesadas por una visión acientífica de la realidad. Y ahí, la llamada “izquierda” tiene mucho que explicar (su derrota política en muchos países del mundo nace de su terquedad ideológica). El movimiento “Woke” que considera que toda realidad es una opresión del patriarcado, el hombre blanco o los heterosexuales nos ha llevado a disquisiciones sorprendentes. Más que la igualdad o la libertad, la izquierda parece defender la inequidad y la separación. El texto de la trampa de la identidad de Yascha Mounk es clave para entender cómo la izquierda pasó de la defensa de los valores universales de la igualdad o la libertad a la defensa de los particularismos y una idea extendida de opresión cultural.

En Jalisco, Morena y sus satélites (Hagamos, Futuro y PT) son los representantes de este pensamiento que pone el dogmatismo ideológico por encima de cualquier debate informado y con sustento científico. Hoy, Morena quiere que los niños elijan su género y se les registre legalmente como ellos deseen antes de los 18 años. Es decir, si una niña de siete años decide que es niño, el Estado debería respetar esa convicción. ¿Qué elemento científico sustenta dicha decisión? ¿Por qué un niño no puede beber alcohol, fumar un cigarro o conducir, pero –en cambio– sí puede cambiarse de género?

La neurociencia lo ha dejado claro por décadas: la formación del cerebro –en una persona promedio– no se alcanza del todo hasta los 18 años. La formación de la corteza prefrontal no ocurre hasta esa edad e incluso no adquiere todas sus funciones cognitivas hasta los 25 años. Durante la adolescencia, existen otras partes del cerebro que tienen mayor potencia que la corteza prefrontal que es la región neuronal responsable de las decisiones racionales y razonables. Durante la niñez y la adolescencia vamos formando nuestra identidad, pero cualquier decisión que suponga un cambio de fondo debe ir acompañado de sus padres o un tutor. Es el modelo que hemos adoptado como sociedad. Por eso se puede tramitar un permiso para conducir a los 16 años con el apoyo de los padres. O dejamos en manos de los padres, si los hijos se cambian o no de nombre antes de los 18 años. A diferencia de lo que sostiene Morena, es la única forma de proteger que la decisión sobre el género sea reflexionada, analizada y pensada. A partir de los 18 años, el Estado debería dejar a una persona tomar las decisiones identitarias que quiera, mientras esas no dañen a terceros.

El principal argumento para dotar a los menores de la posibilidad de cambiar su género antes de los 18 años, es el daño personal o cultural que pueden sufrir al no ser aceptados por su familia o por la comunidad en donde se desarrollan. Por ello, en Jalisco se prohibieron las terapias de conversión y el sistema educativo debe estar vigilante de cualquier práctica de “bullying” en contra de cualquier niño por cualquier condición: física, cerebral, racional o de género. Y, hay que decirlo: el registro del cambio de género no evita ninguna de estas prácticas nocivas contra la niñez.

Y peor, Morena quiere permitir esto porque la Corte lo mandata. Yo estoy a favor de las leyes y el estado de derecho, pero me sorprende que Morena quiera obediencia máxima a la ley en estos casos, mientras se pasa las resoluciones en la reforma eléctrica, en resarcir daños a comunidades o en entregar los recursos que tocan a los estados. “No me vengan con eso de que la ley es la ley”.

El Congreso debe entender que estos debates sólo pueden ser acompañados por personas que tengan los conocimientos para dar opiniones fundadas sobre el impacto que puede existir en los niños por un cambio de género a tempranas edades. Aquí, los psicólogos y neurólogos tienen un papel predominante. La ideología no entendida como un sistema sólido de creencias, sino como la imposición de ideas sin base científica, no puede ser la brújula de una legislación. Es tiempo que la política escuche a los científicos. Y muy pocos científicos respetados apoyan el reconocimiento de las llamadas “infancias trans”. Incluso, los países más avanzados del mundo han comenzado a revisar regulaciones que han provocado sufrimiento y daños irreversibles. Es positivo que en Jalisco no demos pasos que contradigan los principios básicos del consenso científico.


  • Enrique Toussaint
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