La muerte 'woke' y el cambio en México

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Chuck Schumer pasó en una noche de ser un líder menor en Washington a ser –tal vez– el personaje político más importante para el ciclo político que marcará el fin de la era Trump. Schumer controlará un Senado con una mayoría demócrata de 55 escaños, algo no visto desde los tiempos de Obama. En una entrevista ayer con el New York Times definía la raíz del triunfo liberal en Estados Unidos con tres “C”: corrupción, caos, costos. Es decir, la administración Trump es la más corrupta de la historia de los Estados Unidos; ha generado un caos con guerras como la de Irán; y los costos de la vida de los ciudadanos se han ido a las nubes. La unión de estas tres “C” devino en una victoria histórica de los demócratas que arrebataron a los republicanos feudos tan simbólicos como Texas, Kansas o Mississippi.

Sabemos qué hizo mal Trump para llegar hasta aquí. Bueno, hizo todo mal. Prometió no más guerras, y comenzó una. Prometió una economía boyante, y los americanos enfrentan una inflación terrible; prometió controlar la migración y habilitó una policía fascista (ICE) que persiguió a todo aquel que tenía la piel un poco morena; prometió limpiar la podredumbre de la política y se enriqueció, él y su entorno, a niveles nunca antes visto. La ola de rechazo a Trump fue tan fuerte que los 500 millones de dólares que inyectó Elon Musk a la campaña fueron contraproducentes.

En conjunto con los errores de Trump, hay que ver qué hicieron los demócratas para derrotar a Trump con tanta claridad. Qué hicieron los demócratas para redibujar el mapa político en Estados Unidos. De entrada, dejaron de discutir tonterías como la fascinación con los derechos trans o la raza, y voltearon su mirada a centrarse en las cosas del comer. En el pan y en la gasolina. En lugar de debatir ad nauseam si una mujer trans puede participar en un deporte femenino, los demócratas se hicieron de candidatos que hablaron del costo de la vida, el desmantelamiento del sistema de salud y precios de los combustibles. No cayeron en la trampa de defender posiciones tan estrambóticas como desfondar a la policía o abrir la frontera por completo. Trump quiso llevar a los demócratas a posiciones indefendibles y, sin embargo, no lo logró. Los grandes ganadores de esta contienda: James Talarico en Texas, John Ossoff en Georgia, Abdul El-Sayed en Michigan o Sherrod Brown en Ohio se concentraron en la vida cotidiana de las personas. En entender una idea simple, pero que a veces el ruido la transforma en compleja, y es: la política está para facilitar la vida de las personas. No para complicarla.

Trump prometió estabilidad y terminó entregando caos. Aquel Trump que había conquistado a cuatro de cada 10 latinos y que había arrasado entre los votantes blancos se convirtió en un líder político sin brújula, defensor de medidas impopulares como la guerra o los aranceles, y sin capacidad de respuesta. Su partido –el Republicano– lo siguió hasta el barranco y sólo dejó destrucción a su paso. Por el contrario, El-Sayed habló del costo de las medicinas; Talarico de los precios de los combustibles; Ossoff se concentró en el costo de los seguros médicos. Desapareció el Partido Demócratas extremista que quería convertir a todos en veganos, ateos, y marihuanos.  Y volvió el verdadero pensamiento liberal, aquel que se centra en el costo de vida, en las dificultades reales de las personas, en los servicios, en el combate a los corruptos. En el Gobierno al servicio de la calidad de vida. Esto provocó una victoria de 55 puntos de los demócratas entre los latinos, negros y asiáticos, y un empate técnico con los republicanos en el voto blanco. Un terremoto inimaginable hace dos meses.

Esto me lleva a una reflexión en el caso mexicano. El populismo no se derrota con grandes discursos sobre la democracia y la libertad. Por cierto, creo que, aunque no sean populares dichos discursos, son necesarios. Sin embargo, el populismo se derrota atendiendo los malestares cotidianos de las personas. Vencer a Morena y su fracaso económico es exponer como la calidad de vida de las personas se ha deteriorado en estos ocho años. Es cierto que la transferencia de dinero en efectivo hace pensar otra cosa a determinadas familias, pero la realidad es que la salud está peor que nunca (¿qué pasa si mañana tu madre tiene un problema grave de salud?), los nuevos empleos son de bajísima calidad (la economía lleva 8 años sin crecer), los precios de la compra están altísimos y la gasolina (la roja) alcanza los 30 pesos. El bolsillo es la clave de todo. Lo fue en la Revolución Francesa con los precios del pan. Y lo es en el México de hoy. Se gana y se pierde por la economía. Es la economía, estúpido.


  • Enrique Toussaint
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