Movimiento Ciudadano nació como una respuesta democrática e institucional frente a la crisis del bipartidismo en Jalisco. El PAN agotó sus créditos tras 18 años en el poder y la mentada de Emilio González a los jaliscienses terminó de sepultar a un partido que había hecho de la corrupción un modus operandi.
El gobierno de Aristóteles Sandoval no fue un desastre, pero el cambio en Jalisco ya tenía rostro y dirección. Enrique Alfaro comenzó en 2015 la larga travesía que ha supuesto 11 años de predominio político de MC en Jalisco. A pesar de su fuerza nacional, Morena no ha podido penetrar en los grandes círculos poblacionales de Jalisco. MC se ha convertido en un muro de contención frente al inexorable avance de Morena que gobierna 24 entidades federativas y cuenta con amplias mayorías federales.
Por lo tanto, MC fue una respuesta a un determinado contexto muy particular de Jalisco. Un partido amplio –con gente que se identifica con la derecha y con la izquierda–, un partido que cree en la democracia y la extensión de derechos, un partido de orden y un partido que cree en una economía abierta. MC logró aglutinar en un solo proyecto las banderas de los dos históricos partidos hegemónicos en Jalisco: la regeneración (PAN) y la eficacia de Gobierno (PRI).
A MC en Jalisco no se le puede entender sin ese contexto. Los electores de MC –más de un millón y medio para gobernador– no vienen de Marte, sino que son clases medias, sectores acomodados, pequeños empresarios, jóvenes urbanos, mujeres que pasaron de ver en el PRI una amenaza a entender que el mayor riesgo para las libertades políticas y económicas de los jaliscienses se llama Morena. Un análisis de los datos electorales de 2018, 2021 y 2024 demuestran ese hecho: MC logró ratificar sus mayorías por su oposición al proyecto autoritario y centralista que se quiere imponer desde la Ciudad de México. MC es un instrumento frente al autoritarismo. No ver eso, es no entender por qué vota cómo vota el jalisciense promedio.
Solo basta echar un ojo a los últimos resultados electorales. MC logró retener Jalisco, sus municipios más emblemáticos (Guadalajara, Zapopan, Tlajomulco) y una exigua mayoría en el congreso a pesar de enfrentar una oposición de cinco partidos encabezados por Morena. El poniente y el sur de la metrópoli fueron el semillero de votos de MC. Las clases medias tapatías, aquellas que no dependen de las ayudas del Gobierno, fueron las que encomendaron a MC ser el contrapeso al fortalecimiento de Morena y defender Jalisco. El electorado de MC es anti Morena; por ello, opta por el partido naranja en Jalisco, pero cambia si vota al PAN o al PRI en el congreso federal o en el senado. MC es el antídoto frente a Morena aquí, si lo deja de ser falla a sus votantes y agota su utilidad como fuerza defensora de la democracia y las libertades.
El voto a favor del Plan B de Claudia Sheinbaum dividió el emecisimo. Movimiento Ciudadano en el Senado cumplió su función y le dio la espalda al Plan B. También la bancada local anunció su oposición. No obstante, los diputados de MC a nivel federal, extrañamente le dieron sus votos a un plan que es autoritario y, sobre todo, refuerza el centralismo. Nada tiene que ver con la máxima de defender Jalisco. No es concebible que por un ahorro tan insignificante, MC en la Cámara de Diputados se pase el federalismo por el Arco del Triunfo. Reducir regidores o definir el presupuesto de los congresos estatales es una atribución estatal, nunca se le debe dar tal poder a una instancia central en una república que se asume como federal. Parece que para algunos no es tan claro, pero la defensa del federalismo y la democracia local también es un dique frente a un partido que quiere controlarlo todo como Morena: desde los jueces hasta los congresos locales pasando por los cabildos y acabando con los órganos autónomos. MC en Jalisco no debe ni traicionar a su electorado ni tampoco olvidarse que nace como una opción jalisciense frente al autoritarismo del centro se empaque con la bandera tricolor o venga envuelta de guinda.
MC a nivel nacional no tiene rumbo. Es un partido que más que ideología tiene marketing; más que rumbo claro tiene ocurrencias; y más que entenderse como oposición se asume como un posible aliado de Morena. En Jalisco, si MC quiere seguir representando lo que representa para una mayoría, debe evitar caer en los cantos de sirena de Morena y las alianzas con Sheinbaum. Traicionar así a su electorado puede devenir en un fuerte voto de castigo. Alfaro se encargó en su momento de dejar en claro que Jalisco no tenía nada que ver con las decisiones que tomaba MC desde el ámbito federal y eso ayudó a consolidar un votante que garantizó la continuidad de MC como fuerza predominante en Jalisco. Pablo Lemus lo ha dejado en claro diciendo que Jalisco se cuece aparte. El voto de rechazo al Plan B en Jalisco es un mensaje de repudio al centralismo y al autoritarismo. Significa más en términos simbólicos que en la estrechez de sus alcances. Por eso Jalisco debe seguir siendo bastión frente a la destrucción institucional y a la regresión. El conflicto político tiene sentido si en el fondo hay ideas que defender y por las cuales pugnar. MC en Jalisco debe seguir defendiendo su modelo y su ruta independiente, basada en gobiernos competentes y su oposición al autoritarismo de Morena. No ser una sucursal más de un partido nacional que cree que los problemas de México son Alito o el PRI defenestrado y no Morena y su cooptación de todos los órganos del Estado mexicano.
A diferencia de otros estados, en Jalisco sí hay emecistas. Electores que llevan 12 años votando por una opción política y que ya se convirtió en eje de su identidad partidista. Aprobar el Plan B es traicionarlos.