Menos cunas, más canas

Jalisco /
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Los datos son indubitables: México ha comenzado un proceso de envejecimiento poblacional. Detuvimos nuestro crecimiento demográfico en 130 millones y la tasa de natalidad en el país se encuentra por debajo del 2.1, necesario para reemplazar la población actual. Jalisco es de los estados en donde dicho cambio es más perceptible: 1.2 hijos por mujer, por debajo de países como Francia (1.56) o Argentina (1.4). Un dato llamativo es el de la Ciudad de México: 0.9 hijos por mujer. Es un cambio muy profundo en la forma en que vemos la vida, la familia y la natalidad en menos de una década. México pasó del tradicional “los hijos que dios me mande” a la decisión individual de la mujer y las familias. Dicha decisión –de  tener menos hijos–, respetable bajo cualquier óptica, no es inocua. Sí tiene impactos públicos.

Las razones para no tener hijos son similares a aquellas que ya se esbozan en países con medio y alto nivel socioeconómico: el costo de la crianza, la pérdida de libertad laboral, la independencia de la mujer en el mundo del trabajo, el incremento de los costos de la vivienda y los cuidados, el desmoronamiento de un modelo “único” y moral de desarrollo familiar e individual. Antes, la mujer plena era aquella que concebía. Ahora, el concepto de mujer exitosa o incluso de matrimonio pleno no implica la formación de una familia tradicional. El cambio cultural es sísmico. Y no necesariamente está asociado a una pérdida de religiosidad o espiritualidad, sino a una voluntad de libertad e independencia. Las ciudades son el epicentro de dicha transformación.

Hay que decir que las prácticas internacionales para fomentar la natalidad no han sido muy eficaces. Corea intentó remediar los conflictos entre trabajo y familia, pero su natalidad sólo pasó de 0.72 a 0.80. Hungría invirtió hasta cinco puntos del PIB, pero su impacto fue bastante tangencial. Según un análisis del American Enterprise Institute, hasta 2025 ninguna economía avanzada con baja fecundidad ha logrado subir la tasa al nivel de reemplazo y sostenerla. Las políticas pueden frenar la caída o recuperar algo, pero no devolver a un país a una tasa alta de natalidad. Las dos prácticas que parecen haber tenido mejor impacto en países escandinavos y en otros como Francia o Suiza son las guarderías públicas de calidad y las licencias de paternidad bien pagadas. Así como la estabilidad económica de la juventud en los planos de vivienda, trabajo, etc. (Italia es un ejemplo). Poder adquisitivo.

La realidad es que México no tiene una red que permita a las mujeres que deciden ser madres poder navegar con las complicaciones que supone la propia maternidad. Pocas políticas existen para apoyar a las familias en este objetivo. No hay beneficios fiscales, un sistema de cuidados público adecuado o ayuda sanitaria y educativa. Tampoco licencias de maternidad y paternidad comparables al primer mundo. Esto provoca que una familia de ingresos medios no pueda acometer una vida medianamente holgada con los ingresos familiares. Súmele usted: guarderías, salud, educación, ropa, seguros, recreación. Los números no cuadran.

El hecho puntual es que el envejecimiento del país y la incapacidad de sustituir la población actual, supone un desafío para el país. Esta tendencia tiene un efecto directo en las finanzas públicas y en el modelo sociolaboral que tenemos. El pacto intergeneracional es simple: unos trabajan para que otros puedan retirarse y descansar. Trabajas 40 años de tu vida para después poder gozar de una jubilación de 15-20 años.  Dicho pacto ya está en entredicho con las reformas que se han venido haciendo para hacer sostenible el sistema de pensiones, sin embargo, desde la llegada de Morena, el gasto en pensiones se ha multiplicado. Para 2026, el gasto pensionario en México alcanza los 2.5 billones de pesos (entre contributivas –IMSS, ISSSTE– y no contributivas –pensiones del bienestar). En 2027, las pensiones alcanzarán el 6.8% del Producto Interno Bruto; es decir, más de una tercera parte de todos los impuestos que México recauda al año (18%). No es un dato menor. Menos mexicanos trabajando y más jubilados: en 1998, la relación era 7 trabajadores por pensionado, hoy es 4 por 1. La pregunta no es solo cuántos hijos tenemos, sino cuántos de ellos tendrán un empleo formal bien remunerado.

México todavía no entra en problemas graves de natalidad como Japón, Corea del Sur o España. Dichos países ya tienen severos problemas presupuestales para mantener su sistema del bienestar y las pensiones para los jubilados. No obstante, si en México no nos tomamos estos datos en serio, es posible que enfrentemos problemas presupuestales y económicos en un futuro no muy lejano. No hay fórmula exacta para promover la natalidad, pero los cuidados, el poder adquisitivo, y la relación trabajo/hogar parece estar en el centro de cualquier solución. Los mexicanos decidimos tener menos hijos, una decisión plenamente libre en una sociedad democrática, pero que sí tiene impactos que hay que considerar. Más menos cunas y más canas, hacia allá está caminando México y no es una buena noticia.


  • Enrique Toussaint
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