¿Puede haber un Bukele en México? Me parece que sí

Jalisco /

Es innegable que la ultraderecha está teniendo resultados inesperados en América Latina. En otros tiempos, la derecha desacomplejada -con un discurso crítico de los derechos humanos- no lograba mayorías, pero hoy gobierna en Chile, El Salvador, Argentina y todo indica que conquistará la presidencia de Colombia en el balotaje. Brasil y México resisten como los gobiernos progresistas de la región. Y en México, todavía no se puede rastrear en las encuestas una plataforma ultra que pueda rivalizar el poder. El PAN sigue siendo un partido moderado si lo comparamos con las propuestas de mandatarios como Bukele o de aspirantes como De la Espriella.

No obstante, el signo de los tiempos está cambiando. Europa abraza el nacionalismo. Estados Unidos renueva su faz imperial; Rusia no negocia la “mano dura” de Putin, y China no tiene inconveniente en negociar dejando los derechos humanos y la democracia aparcados para mejor ocasión. Es decir, en este mundo del poder desnudo y sin oposición, el cartesiano político se mueve hacia la derecha. Los gobernantes que se asumen de izquierda tienen serios problemas: Pedro Sánchez en España, Keir Starmer en Reino Unido o Claudia Sheinbaum en México. Han perdido capacidad de moldear la agenda pública a su favor y han perdido aprobación entre sus electorados.

Frente a lo que sucede en Colombia y la doctrina Trump en América Latina como preludio para atacar a los cárteles del crimen organizado, ¿es posible que en México surja una alternativa que capitalice la ineptitud de Morena en materia de seguridad y que se comprometa a luchar contra la narcopolítica? ¿Es posible que la mano dura rompa el consenso mexicano y encumbre a una alternativa que nazca del llamado populismo de la derecha?

A corto plazo, desde la trinchera de los partidos políticos, no parece haber esa alternativa. El PAN y el PRI que son los partidos que podrían encabezar una oposición así siguen sin poder penetrar en amplios segmentos del electorado. Movimiento Ciudadano Nacional sigue siendo equidistante frente al poder de Morena y la oposición. Ricardo Salinas Pliego, dueño de Televisión Azteca, es el único que parece tratar de aglutinar una candidatura que se asemeje a la ultraderecha que está barriendo en el Cono Sur.

Sin embargo, hay dos elementos que podrían hacer surgir una opción así pensando en 2030. La primera, las revelaciones de la narcopolítica mexicana que han venido desde Estados Unidos y que comienzan en filtraciones -casi siempre en Los Ángeles Times. Un golpe sistémico a Morena podría debilitar al partido de Sheinbaum y abrir la posibilidad para que alternativas fuera de la lógica de los partidos se posicionen. Imagine usted información sobre 4, 5 o 6 gobernadores vinculados al crimen organizado. Algo así nos remontaría a los años del peñanietismo, en donde la corrupción de los gobernadores y la Presidencia fueron los clavos que cerraron el ataúd del PRI. En un mes, ya son al menos tres gobernadores en la tablita: Rubén Rocha -que tuvo que pedir licencia-, Américo Villarreal y Alfonso Durazo.

Una segunda dimensión es la implicación de López Obrador. La carta que emitió el miércoles el expresidente no es coincidencia. El tabasqueño sabe que los señalamientos cada vez se acercan más a él. Durazo fue la mano derecha de López Obrador en seguridad. Sin tanto poder, pero fue su Genaro García Luna. La mayoría de los gobernadores alcanzaron su cargo con el apoyo del expresidente. Una investigación que pruebe la relación entre la Presidencia y el crimen organizado sería un antes y un después para México. Dicha investigación tendría que venir de Washington.

Como conclusión, con Trump en la Casa Blanca y teniendo las elecciones de medio mandato en noviembre, cualquier movimiento es posible. Trump está fracasando en Medio Oriente, pero tiene contento a su base en materia de combate a las drogas y a los cárteles. Por eso López Obrador pedía el viejo Trump, aquel con quien pudo pactar y proteger a quien debía proteger. Lo cierto es que el desprestigio de la clase política hace probable la aparición de un outsider que capitalice con un discurso frontal contra los criminales, aquello que no está haciendo el gobierno en turno. Morena le llamará intervencionismo, pero la realidad es que es sólo exponer las terribles relaciones de complicidad entre el crimen y la política. Este debate marcará los próximo cuatro años en México. 


  • Enrique Toussaint
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