Abrazar a los jóvenes

Ciudad de México /

Entre los muchos crímenes perpetrados por los gobiernos del PRIAN, uno de los más atroces y dolorosos fue abandonar a las y los jóvenes. Empeñados, como estaban, en perpetuarse en el poder, enriquecerse, saquear a la nación y entregarla a empresas y gobiernos extranjeros, los corruptos que nos gobernaron ni siquiera se dieron cuenta de que ese abandono era, en los hechos, una condena a muerte.

En esos tiempos, en que gobernantes y capos del crimen organizado eran dos caras de la misma moneda, lo que el gobierno dejaba a un lado —territorio, base social, “combatientes” en potencia— lo tomaban los narcos. Fueron las y los jóvenes quienes terminaron pagando con su vida el robo de la presidencia en 2006 pues, obedeciendo las órdenes del usurpador o de los capos del narco, se vieron forzados a matar y morir en esa guerra, tan sangrienta como inútil, que por órdenes de Washington nos impuso Felipe Calderón.

Que se terminaron los “abrazos”, dicen hoy quienes, con Calderón, avalaron y, peor todavía, justificaron la matanza.

Que el usurpador tenía razón, afirman, y que ha vuelto el tiempo en el que quien a hierro mata, a hierro debe morir.

Que ha cambiado la estrategia y volverá la guerra contra el narco, repiten obsesivamente en los medios y en las redes esas y esos que, sabiéndose a salvo de las mismas, desean que silben de nuevo las balas.

¡Mienten! No volverá la guerra de Calderón ni decidirá Washington nuestro destino. La paz es fruto de la justicia, de la razón y no de la fuerza y solo una nación independiente y soberana puede conquistarla. Por eso, al rendir su informe sobre la operación del domingo en la que resultó muerto Nemesio Oseguera El Mencho allá en Jalisco, un soldado de la nación, un hombre de armas —el general secretario Ricardo Trevilla Trejo—, luego de rendir un emocionado homenaje a quienes cayeron en el cumplimiento del deber, habló de cómo, antes que nada, la estrategia de seguridad descansa en la atención a las causas.

Hoy, en lugar de considerarles solo carne de cañón, de abandonarles, como se hizo en el régimen neoliberal, la presidenta y comandanta suprema de las Fuerzas Armadas, Claudia Sheinbaum Pardo, con todo su gobierno, abraza a las y los jóvenes de México y, en vez de llamarles a las filas, les llama a las aulas y a ejercer plenamente su derecho a vivir en paz y en libertad, y a ser felices.


  • Epigmenio Ibarra
  • Periodista y productor. Fundador de la prodcutora Argos. Corresponsal de guerra entre 1980 y 1990 / Escribe todos los miércoles su columna "Itinerarios"
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